lunes, 6 de febrero de 2012

Texto de mons. Lefebvre durante el Concilio

Gracias a Martin Ellingham he descubierto el sitio de la Fundación Speiro, que tiene un archivo de la publicación "Verbo", desde el año 1962 hasta el 2008. Originalmente estaba buscando los artículos del jesuita Eustaquio Guerrero acerca de Dignitatis Humanae; pude leer el primero y es realmente excelente. Sin embargo, buscando los otros, me crucé con un artículo de mons. Marcel Lefebvre, intitulado "Perspectivas conciliares entre la 3.a y la 4.a sesión", publicado originalmente en la conocida Itinéraires, que Verbo publicó traducido al castellano en 1965. En él, el arzobispo habla, entre otras cosas, acerca de la colegialidad, la liturgia, etc.

En mi humilde opinión, algunas declaraciones son... reveladoras. Por no decir que son una bomba. El resto del texto es también excelente, mons. habla del "nuevo magisterio" (la opinión pública), de los temores que abrigaba con respecto al esquema del cardenal Bea para lo que luego fue Dignitatis Humanae, describe con aterradora precisión las fuerzas oscuras (no hay mejor palabra para describirlas... a no ser que utilicemos términos como "demoníacas", "anti-cristianas", etc.) que operaron durante el Concilio, etc... a pesar de todo esto, al término de la tercer sesión, por este texto se puede adivinar que Lefebvre era sumamente optimista.

En la presente entrada, me centro en dos fragmentos que realmente me sorprendieron y que además son muy relevantes para la situación que estamos viviendo (la posible reconciliación de la SSPX), pero recomiendo vívamente la lectura íntegra del texto original.

Colegialidad: "La estructura tradicional de la Iglesia queda asegurada"


Copio casi íntegramente esta sección con algunos énfasis y [comentarios]:
Parece innegable que uno de los primeros objetivos que proponían quienes se erigían en portavoces de la opinión pública era el reemplazar el poder personal del Papa por un poder colegial. Al no permitir los sedicentes tiempos modernos que subsista una autoridad personal como la del Papa, (...), era preciso por tanto suprimir la Curia y dar al Papa un consejo de obispos con el cual gobernaría la Iglesia, teniendo así los obispos una verdadera participación en el gobierno de la Iglesia universal. Esta afirmación atentaría a la vez al poder personal del Papa y al poder personal del obispo.

Era preciso, pues, a toda costa, probar que la colegialidad jurídica tiene fundamentos en la tradición, y en consecuencia en la teología. La supresión de la distinción entre el poder de orden y el poder de jurisdicción facilitaría la prueba. Al tener el obispo por su consagración poder sobre la Iglesia universal, el Papa no puede gobernar la Iglesia universal sin contar con los obispos. Por lo mismo, el Papa no puede quitar o restringir demasiado los poderes de jurisdicción de los obispos, puesto que los tienen por su consagración.

La colegialidad era, pues, el objetivo a alcanzar. Alcanzado este objetivo, todas las conclusiones se deducen por sí mismas y modifican radicalmente las estructuras tradicionales de la Iglesia. En lo sucesivo, tanto en Roma como en las distintas naciones, la Iglesia estaría gobernada por asambleas y ya no por una autoridad personal absolutamente contraria, según los innovadores, a todos los principios de la sociedad moderna. La colegialidad se presentaba, pues, como el primer "caballo de Troya" destinado a destruir las estructuras tradicionales. De ahí la saña con que se emplearon todos los medios imaginables para asegurar el éxito. Es preciso confesar que humanamente, visto el número de quienes creían deber aprobarla, vistos los medios empleados, el éxito de la nueva tesis era seguro. [Lo admito sin vergüenza: leer esto me dio miedo.]

[Y este párrafo es... increíble.] Pero el Espíritu Santo velaba, y es preciso leer atentamente la nota explicativa para darse cuenta que ese mensaje ha descendido verdaderamente del Cielo, pues, en primer lugar, la nota elimina la colegialidad jurídica y, en consecuencia, suprime todos los derechos de los obispos al gobierno de la Iglesia universal; en segundo lugar, somete la jurisdicción personal de los obispos a la entera disposición del Sucesor de Pedro; en tercer lugar, reafirma que la función de Pastor de la Iglesia universal pertenece sólo al Papa y, en cuarto lugar, subraya claramente que los obispos no pueden obrar colegialmente más que de acuerdo con la voluntad explícita del Papa. La estructura tradicional de la Iglesia queda, pues, perfectamente asegurada, como lo afirmó el mismo Papa en su discurso de clausura. Hay que reconocer que después de las angustias que hemos padecido a lo largo de la segunda sesión y al comienzo de la tercera, esta luz divina proyectada de nuevo sobre la inmutable constitución de la Iglesia nos ha parecido como un signo patente de la divinidad de la Iglesia.

No se puede por menos de ligar los dos acontecimientos : el alejamiento de los errores que apartaba una colegialidad mal comprendida y la aparición de María Madre de la Iglesia, de la Iglesia de Nuestro Señor, de la Iglesia católica romana, de la Iglesia constituida por el Papa, por los obispos unidos y sometidos al Papa y jefes de sus iglesias particulares, por los sacerdotes y particularmente los párrocos cooperadores de los obispos, y por fin por los fieles, recibiendo por conducto de ese sacerdocio jerárquico las gracias innumerables que le permiten santificarse, santificar la familia, la parroquia, el municipio, la profesión, la sociedad, y así someter todo al orden divino por la práctica de la virtud de la justicia: Opus justitiae Pax. La Iglesia es verdaderamente eterna, y María, que por sí sola ha vencido a todas las herejías, continúa velando sobre ella con una maternal solicitud.

Creo que recordar que la colegialidad es uno de los puntos doctrinales que la SSPX critica actualmente del CVII... pareciera ser, por este texto, que mons. Lefebvre consideraba a la Lumen Gentium como perfectamente ortodoxa.

Liturgia: "Algo había que reformar y que volver a encontrar"


Idem anterior, copio casi íntegramente esta sección con algunos énfasis y [comentarios]:
En medio de las oposiciones, de las exageraciones, de las discusiones que caracterizan este período de adaptación, cabe esperar que sea encontrada una provechosa línea media. Al ver la rapidez, desacostumbrada en la Iglesia, con que en todos los países se han realizado las aplicaciones, no se puede por menos de temer que ciertas medidas produzcan resultados imprevistos y desgraciados. Así puede ocurrir respecto a la devoción al Santísimo Sacramento, a la devoción a la Virgen María
y a los Santos, cuyas imágenes están siendo eliminadas de numerosas iglesias sin ningún respeto a la más primaria pastoral y catequesis; a la bella y buena armonía de la casa de Dios, que se ha convertido en una casa de los hombres más que en una casa de Dios; a la belleza verdaderamente divina de los cantos latinos, suprimidos y todavía no reemplazados por melodías equivalentes.

[Otro párrafo que me dejó absorto:] No obstante estas afirmaciones, ¿debemos sacar la conclusión de que era preciso guardar todas esas cosas sin cambio? El Concilio, con mesura y prudencia, respondió negativamente. Algo había que reformar y que volver a encontrar.

Es claro que la primera parte de la Misa, hecha para enseñar a los fieles y hacerles expresar su fe, tenía necesidad de alcanzar esos fines de una manera más clara y en cierta medida más inteligible. A mi humilde opinión dos reformas en ese sentido parecían útiles: en primer lugar, que los ritos de esta primera parte se tradujeran en lengua vernácula. Hacer lo posible porque el sacerdote se aproxime a los fieles, se ponga en comunicación con ellos, rece y cante con ellos, esté, por tanto, en el púlpito, recite en su lengua las oraciones, las lecturas de la Epístola y el Evangelio; que el sacerdote cante en las divinas melodías tradicionales el Kyrie, el Gloria y el Credo con los fieles, constituyen otras tantas reformas afortunadas que devuelven a esta parte de la Misa su verdadero objeto. Que la ordenación de esta parte didáctica se haga en primer lugar en función de las Misas cantadas del domingo, de tal suerte que esta Misa sea el modelo al que deben adaptarse las otras Misas, constituyen otros tantos aspectos de renovación que parecen excelentes.

Añadamos sobre todo las directivas necesarias para una predicación verdadera, sencilla, emotiva, fuerte en su fe y determinante en las resoluciones. Es éste uno de los puntos más importantes que se deben obtener de la renovación litúrgica de esta parte de la Misa. Para los sacramentos y los sacramentales, el uso de la lengua de los fieles parece todavía más necesaria, puesto que les conciernen más directa y más personalmente. Pero son tales los argumentos en favor de la conservación del latín en las partes de la Misa que se hacen en el altar, que se puede esperar que en un día próximo se ponga límites a la invasión de la lengua vernácula en este tesoro de unidad, de universalidad, en ese misterio que ninguna lengua humana puede expresar y describir. [Aplaudo de pie]

Qué no debemos desear para que el alma de los fieles se una espiritualmente, personalmente, a Nuestro Señor, presente en la Eucaristía, y a su divino Espíritu, de tal suerte que quede proscrito de un modo absoluto todo lo que pueda perjudicar a ese objetivo, por exageración de las oraciones vocales y exageración de ritos, por falta de respeto a la Eucaristía, por una vulgaridad inconveniente para los misterios divinos. Una reforma en este terreno no puede ser buena si no asegura de un modo más cierto los fines esenciales de los misterios divinos, tal como Nuestro Señor los estableció y la Tradición los ha transmitido.

A mi esto me resulta increíble. Siempre me debatí cómo debería ser la "reforma de la reforma": ¿Eliminar el Novus Ordo? Se desataría otra guerra litúrgica. ¿Modificar el Novus Ordo? Podría ser. ¿Conservar la forma extraordinaria y reemplazar el Novus Ordo por una forma "mas sencilla" del rito tridentino (Lo cual no sería otra cosa mas que aplicar fielmente la Sacrosanctum Concilium)? ¿Podríamos llamarle a esto la "reforma lefebvrista de la reforma"?

Pobre monseñor Lefebvre... no se imaginaba ni por las tapas el desastre que vendría solo 5 años después.

14 comentarios:

  1. Que increible! Lástima que sus hijos espirituales, incluso aquellos en perfecta comunión con Roma como la Fraternidad San Pedro, no hayan tratado de poner en práctica algunas de estas "reformas".
    Otra cosa increible es que, justamente, hable de reforma. Benedicto XVI en su famoso discurso habla también de la "Hermenéutica de la reforma" y no simplemente de la "hermenéutica de la continuidad" como algunos le quieren hacer decir...

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    1. Estimado Gelfand,

      La cuestión es que ni la FSSP ni la SSPX poseen autoridad para implementar las reformas que mons. Lefebvre menciona... ante la reforma de Bugnini, la única opción posible era aferrarse al misal de 1962 tal y como estaba... pero sí es algo a tener en cuenta de cara a los rumores que afirman que Ecclesia Dei está preparando modificaciones al Misal de 1962.

      A pesar de que (por lo poco que se sabe) no se cambiará nada sino que se agregarán elementos opcionales (santos al santoral y prefacios, cosa que ya se ha hecho en el pasado), mucha gente está reaccionando de manera demasiado negativa.

      Un gran saludo.

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    2. Estimado Eremita: Alguna vez, participando en una misa de la FSSP, me preguntaba si de hecho no pueden aplicar la Sacrosanctum Concilium. Siendo que es un documento conciliar y que ellos lo aceptan en principio no veo porque no. Lo contrario es aferrarse no al Misal sino a las rúbricas. Hay algunos gestos (que desconozco si son parte del rito, como besar la mano del celebrante cada vez que este le da la birreta) que ni parecen esenciales, ni muy antiguos, ni piadosos. Un saludo y gracias por estos post.

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    3. Sinceramente, desconozco el detalle de las rúbricas del rito tridentino... aquellas cosas que no están en el Misal, me parece que pueden obviarse... pero lo que figura en el texto oficial debe seguirse tal cual... es mas, la teología tradicional consideraba pecado trasgredir lo que el Misal decía (serían tan distintas las cosas si esa mentalidad siguiese en la mente de la mayoría de los presbíteros...).

      Le digo más: imaginemos el hipotético caso de que una diócesis con misa tradicional o una sociedad bajo la jurisdicción de Ecclesia Dei solicite a la Santa Sede permiso para implementar un cambio menor en sus Misas, como podría ser (por poner el primer ejemplo que se me ocurre), que el Padrenuestro sea rezado también por la congregación. Dudo mucho que un pedido semejante sea aprobado, precisamente para no "embarrar" las cosas... estamos en tiempos muy delicados.

      Sin embargo, creo que en algún momento, Sacrosanctum Concilium deberá ser debidamente implementado. ¿Cómo? No lo se. El que el rito romano se haya desdoblado en dos "formas" ha sido, en mi opinión, algo bastante conveniente de cara a esto... la forma extraordinaria deberá conservarse como algo casi irreformable, en tanto que la forma ordinaria deberá pasar a reflejar lo que mas de 2000 padres conciliares quisieron, entre ellos, mons. Lefebvre. Si a eso llegaremos mediante modificaciones al Novus Ordo o haciendo un "Novisimus Ordo" basado en el rito tridentino... eso dependerá del Papa.

      Gracias a usted!

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    4. POBRE MONS.Lefebvre, no se imaginaba que FIRMANDO LA "Nostra Aetate" avalaba la JUDAIZACIÓN del Catolicismo.

      Laverdadnoshacelibres.

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  2. Hay más textos de esa época de tono semejante Un elogio al Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI, por ejemplo.

    Gracias al Coetus y a Lefebvre muchos documentos del Concilio no salieron más problemáticos. Si el conflicto se acota a un 5% es también gracias a lo que hicieron durante el Concilio para mejorar el resto de los textos.

    Un dato no recordado: Fellay mencionó el ejemplo de la traducción completa de la Misa Gregoriana al francés de 1965 como un ejemplo de "reforma de la reforma".

    En libertad religiosa, el primer esquema era una burrada insostenible.

    Saludos

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    1. Don Martín Ellingham,

      El tema es que por lo que dice mons. Lefebvre en este texto, mas que "problemáticos", los documentos iban a salir heréticos! Me gustaría leer el esquema de Bea acerca de la libertad religiosa... voy a buscarlo para compararlo con la versión final.

      Un saludo y mil gracias por dirigirme a esta gran fuente que es el archivo de Verbo.

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  3. Eremita:

    De regreso de mi exilio, voy a ver si le mando una página sobre la tolerancia, por si quiere hacer una disputatio en el blog.

    Todavía no terminé de leer al anglosajón Pink. Mi opinión es que en la parte histórica flaquea (como suele sucederle a los anglosajones en este tema particular). Pero lo he leído batallando en infocatólica...

    Desde el siglo IV hasta Pío XII hay una doctrina común en la Iglesia cuya puesta en práctica fue urgida por la Santa Sede (último ejemplo: Concordato con España de 1953; entrevista Pío XII y embajador Castiella, por la que España queda fuera del plan Marshall por no dar libertad a los acatólicos) que se articula en base a dos principios de aplicación prudencial alternativa:

    - INTOLERANCIA: lo que no responde a la norma moral objetiva no tiene derecho alguno a la existencia ni a la difusión pública;

    - TOLERANCIA: por causa del bien común debe aplicarse una prudente tolerancia en determinadas circunstancias.

    Aunque "intolerancia" tiene hoy una connotación negativa, lo cierto es que su significado es el de una actitud firme ante la verdad y el bien, y por ende una impediente del error y del mal, salvo que una causa proporcionada exija tolerar. El Estado era competente para ejercer la coacción religiosa, no de manera directa pues se ocupa del bien común temporal, pero sí tenía competencia indirecta, por subordinación del bien temporal al bien eterno de los habitantes de un reino cristiano. Todo lo cual explica la entrega de los herejes al "brazo secular", que Santo Tomás compare al hereje con el falsificador de moneda (en la Argentina hay delitos de peligro poco garantistas y poco liberales en esta materia...), etc.

    Lo que era claro es que a nadie se podía coaccionar para recibir el bautismo por una razón teológica: el acto de fe exige libertad interior. Pero al mismo tiempo, el Concilio de Toledo, urgió a las autoridades para terminar coactivamente con la idolatría y todo las manifestaciones externas contrarias a la Fe....

    Creo que ya aburro...

    Saludos.

    Mi mail: docmartin2050 ( ) gmail.com

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    1. Estimado Martin Ellingham,

      Para nada aburre, al contrario. Sus aportes ameritan una entrada íntegra en lugar de estar confinados a los comentarios de este ignoto blog. Si usted me lo permite, publicaré con sumo gusto la página que ha preparado, para dar lugar a la disputatio... y si prefiere hacerlo en un blog con más difusión, adelante también; participaré en los comentarios.

      Como usted adivinará, la dimensión histórica de la cuestión que nos ocupa no es mi especialidad, habiéndome interesado mas por su dimensión dogmática. Sin embargo, en lo que pueda, haré mi aporte.

      Y por cierto, no se guíe por mis comentarios en info-católica... venía cruzado porque me están "censurando" en rorate-caeli y me expresé de forma demasiado impulsiva... los comentarios de Catholicus y Santodomingo habían sido en un tono muy respetuoso, en tanto que yo contesté de forma excesivamente violenta... en fin, soy un pecador más.

      En breve le envío un correo.

      Bendiciones.

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  4. Si puede mire lo que estableció el IV Conc. de Letrán en cuatro cánones sobre los judíos (cc. 67-70). Si evaluamos esas disposiciones disciplinarias notaremos que se supone legítimo que el Estado ejerza coacción religiosa como brazo secular de la Iglesia incluso sobre súbditos no bautizados. Hay mucho material magisterial y disciplinar sobre los judíos que es imposible de salvar de condena a la luz de la interpretación personalista/liberal de la DH, que es la que hoy predomina en el mundo académico y pastoral.

    Seguimos en contacto...

    Saludos.

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    1. Realmente es una fuente interesantísima.

      Creo que es necesario hacer algunas distinciones. Dice usted que estas disposiciones parecieran indicar que el IV Concilio de Letrán sostenía que era lícito ejercer coerción en materia religiosa sobre no-bautizados. De por si, el canon 70 habla de los judíos bautizados, así que creo que podemos descartarlo.

      El canon 67 hace referencia a una práctica (la usura) cuya censura está dada por la ley natural, con lo cual podría aplicarse inclusive bajo Dignitatis Humanae... es más, el texto del canon viene dado mayormente por razones coyunturales (la usura practicada por los no-cristianos, la pérdida de templos, etc.)

      El canon 68 tiene mas sustancia: se impone una forma de vestimenta y se restringe la circulación en ciertos días. Podría argüirse que el fundamento de esta disposición es la defensa de la Fe.

      ¿Puede la Iglesia ordenar al poder temporal el ejercer coerción sobre sus súbditos, en defensa de la Fe? Es una cuestión súmamente interesante, y no creo que Dignitatis Humanae la trate en su texto. Me resulta interesante en este punto la doctrina de Santo Tomás:

      Entre los infieles hay quienes nunca aceptaron la fe, como son los gentiles y los judíos. Estos, ciertamente, de ninguna manera deben ser forzados a creer, ya que creer es acto de la voluntad. No obstante, si se cuenta con medios para ello, deben ser forzados por los fieles a no poner obstáculos a la fe, sea con blasfemias, sea por incitaciones torcidas, sea incluso con persecución manifiesta. Este es el motivo por el que los cristianos promueven con frecuencia la guerra contra el infiel. No pretenden, en realidad, forzarles a creer (ya que, si les vencen y les hacen prisioneros, deben dejarles en libertad de creer o no creer), sino forzarles a no poner obstáculos a la fe de Cristo.

      Hay, en cambio, infieles que en algún tiempo recibieron la fe y conservan aún cierta profesión de la misma, como los herejes o cualquier otro tipo de apóstata. Este tipo de infieles deben ser forzados, incluso físicamente, a cumplir lo que prometieron y a mantener lo que una vez aceptaron.


      Aún si concluyésemos que aún es lícito ejercer coerción sobre no-bautizados en defensa de la Fe, eso no deja automáticamente libre de censura estas disposiciones del IV Concilio de Letrán... los medios para alcanzar el fin de la defensa de la Fe pueden ser excesivos. Para emitir un juicio en este sentido habría que estudiar en profundidad la situación histórica, el nivel de desarrollo de los fundamentos teológicos, el peligro real que había para la Fe y la unidad... en fin, trabajo arduo.

      (Sigue)

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    2. (Viene del anterior)

      Pero me pregunto, ¿es necesario que todas y cada una de las decisiones que haya tomado la Iglesia en esta materia, sean presentadas cómo justas? Cláramente no. Debemos buscar la doctrina verdadera, y una vez que la hayamos encontrado, habrá en retrospectiva decisiones justas y otras injustas... buscar salvar a toda costa todas las disposiciones disciplinares pasadas de la Iglesia, no es una metodología teológica apropiada. Sientan precedente, si, pero no ha de considerárselos como pronunciamientos infalibles. Ciertamente, estos cánones son coherentes con lo que luego expondría el aquinate con respecto al asunto: en materia del trato con los infieles, en materia de la tolerancia de sus ritos... la cuestión 10 de la pars secunda secundae de la Summa, es una referencia ineludible. Pero en todo caso, se puede hablar de sententiae communes y no de doctrina irreformable. Aquí también habría que hacer un estudio doctrinal/dogmático para ver el grado de certeza teológica de estas proposiciones, su evolución histórica, etc.

      Finalmente, el canon 69 es coherente con lo que pasa aún en muchos estados (y el Argentino hasta 1994): quienes ejercen el poder deben profesar la religión del Estado. Aquí no veo problema, si es que estamos hablando de un Estado Confesional, tal y como lo definió Ottaviani en su (muy lamentablemente) descartado esquema sobre la libertad religiosa, es decir, aquel "en cuyo seno, los ciudadanos, no solo están bautizados, sino que también profesan la Fe Católica".

      Un gran saludo.

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  5. Recibí su correo, gracias. En cuanto pueda contesto.

    Estoy de acuerdo con las distinciones y en general con lo último que me dice. Pienso que el Estado confesional tiene un poder coactivo indirecto en materia religiosa (poder limitado por el derecho divino natural y positivo)

    Cuando hablamos de la Edad Media nos olvidamos de que la tolerancia de judíos y musulmanes se daba confinada al recinto de sus guetos; es decir que los judíos, p. ej., podían celebrar libremente su culto dentro de las juderías pero no fuera, etc. ¡La cristiandad aceptó pacíficamente el gueto durante siglos sin vacilación "garantista"!

    En realidad, la historia de la disciplina sobre los judíos es útil para falsar "popperianamente" la tesis de Iraburu de la infalibilidad prudencial. Por ejemplo: un canon destinado a la Iglesia universal que excluye de todo cargo público a los judíos ¿puede ser inmoral (contrario al derecho natural a la libertad religiosa, violatorio de la dignidad humana, etc) o incluso inconveniente para la Iglesia?

    "El" argumento tradi: el peso de la reiteración secular aunque no haya definición ex cathedra y la indefectibilidad de la Iglesia. Ninguno es hiper-concluyente, pero tampoco lo es la DH en muchos de sus puntos.

    Prometo hacerme un hueco de tiempo para volver sobre el tema

    Saludos.

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    1. Martin Ellingham,

      Estuve pensando algunas cosas más acerca del asunto, pero para evitar extender este thread de comentarios, esperaré a la publicación de su trabajo.

      Un saludo grande.

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