miércoles, 29 de febrero de 2012

¿Que diría Pío IX de Dignitatis Humanae? Quanta Cura y el Syllabus según la interpretación de mons. Dupanloup

En estos días estuve leyendo algunos textos acerca de las reacciones de la Iglesia y los teólogos a la publicación de Quanta Cura y el Syllabus. Me encontré con cosas sumamente interesantes: la opinión de John Henry Newman y su posterior carta al duque de Norfolk, la figura de Louis Veuillot, el movimiento del liberalismo católico encabezado por Lamennais, Lacordaire, Montalembert... en fin, todas cosas muy interesantes.

Sin embargo, un texto de aquel momento me llamó considerablemente la atención: Una interpretación de Quanta Cura y el Syllabus escrita por el entonces obispo de Orleans, monseñor Felix Dupanloup, "autorizada" por Pío IX en persona. Motivado muy probablemente por las lecturas exageradas de los textos pontificios que hizo la prensa anti-eclesiástica, el prelado escribió y publicó un trabajo titulado "La Convention du 15 Septembre et l'Encyclique du 8 Décembre", por el cual no solo recibió centenares de cartas de agradecimiento por parte de muchos prelados (entre ellos, el entonces arzobispo de Perugia y futuro Papa, mons. Pecci, Leon XIII), sino que además, recibió el apoyo y agradecimiento del mismísimo Pío IX (en las primeras páginas del libro linkeado puede verse la misiva que envió el sumo pontífice al autor, en latín y francés).

En "Opuscula", el blog de Keith Gurries, puede encontrarse un buen análisis en tres partes de la "intervención" de monseñor Dupanloup; la primera, tratando acerca de los principios interpretativos que deben ser usados para analizar los textos (de especial importancia es la distinción entre proposiciones contrarias y proposición contradictoria, siendo esta última la que se afirma cuando se condena una proposición y no las primeras), la segunda, acerca de la distinción entre tesis e hipótesis (a mi juicio, de menor importancia, al menos en este contexto), y la tercera, acerca de la doctrina de la libertad religiosa. Dada la disponibilidad de este estudio (suficiente para quien quiera profundizar un poco más), yo solo voy a referirme brevemente a un aspecto particular del texto de Dupanloup: la terminología utilizada para tratar la cuestión de la libertad religiosa.

Dice el entonces obispo de Orleans:
"Bien, dice usted nuevamente: "pero, al menos la libertad de conciencia, la libertad de cultos... ¿niega usted que la encíclica las condene?" Aquí, de nuevo, ¡explíquese! Porque en Francia y en el mundo hay extrañas maneras de entender estas libertades. ¿Debe ser repetido por centésima vez? Lo que la Iglesia, lo que el Papa condena, es el indiferentismo religioso.

(...)

Pero, rechazar este insensato y culpable indiferentismo y las consecuencias de licencia absoluta que se siguen del mismo, ¿es acaso rechazar la tolerancia a las personas y la libertad civil de los cultos? (orig. liberté civile des cultes) Esto no se ha dicho jamás, y todos los teólogos dicen lo contrario.

De hecho, jamás se ha escuchado a los Papas condenar a los gobiernos que han creído su deber, según la necesidad de los tiempos, el inscribir esta tolerancia, esta libertad en sus constituciones.

Como decía antes, lo que me llama la atención es el uso del término "libertad civil". El tradicionalismo insiste en que el término "tolerancia" es el único susceptible de ser usado cuando se habla de la práctica pública de religiones falsas. Sin embargo, vemos que aquí monseñor Dupanloup, utiliza el término "libertad civil", que casualmente es el mismo que utiliza el catecismo para explicar el significado de Dignitatis Humanae:
2108 El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error (...), ni un supuesto derecho al error (...), sino un derecho natural de la persona humana a la libertad civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, en los justos límites, en materia religiosa por parte del poder político. Este derecho natural debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad de manera que constituya un derecho civil.

Es interesante ver como Dupanloup también cita como práctica no condenada por la Iglesia, el incorporar la libertad civil de culto a la legislación, práctica que manda Dignitatis Humanae y que cuestionan muchos tradicionalistas. De hecho, resultaba de vital importancia aclarar este punto, ya que muchos católicos pensaron (según las interpretaciones mas extremistas de Quanta Cura y el Syllabus) que ya no iban a poder jurar las constituciones de sus países por hacer referencia estas a la libertad de culto (los historiadores citan los casos de Francia y Bélgica). Dupanloup pone como contra-ejemplo, el cómo Pío VII aceptó tomar juramento a Napoleón (juramento que incluía el compromiso formal a respetar la libertad de cultos), luego de que el cardenal Fesch le aclarara al pontífice que este término significaba "una mera tolerancia civil y garantía a los individuos".

Intitulé este post con una pregunta: ¿Que diría Pío IX de Dignitatis Humanae? El comentario de Dupanloup no responde totalmente a esta pregunta, pero creo que se puede honestamente sacar del mismo la siguiente conclusión: La libertad civil de culto no fue condenada por el beato Papa Ferretti, ni tampoco la incorporación de este principio a la ley positiva, como una garantía a los ciudadanos no-católicos de un estado confesional. ¿Un derecho fundado en la dignidad humana? No me caben dudas de que Pío IX de ninguna manera hubiese estado de acuerdo con tal proposición, pero tampoco puede usarse Quanta Cura o el Syllabus para juzgarla ya condenada por el Magisterio; la interpretación de mons. Dupanloup, aprobada y alabada por el mismísimo Pío IX, no deja mucho lugar a dudas.

La contracara de esta historia es la persona de Louis Veuillot, periodista francés de tendencias que comúnmente serían definidas como "ultramontanas". Veulliot veía el trabajo de mons. Dupanloup como un "anti-syllabus" (¿suena conocido el término?). Cuenta el historiador Giacomo Martina en su libro "Pío IX" que Veulliot, quien se encontraba en Roma en ese momento, buscó en vano el impedir el envío de la "felicitación" a monseñor Dupanloup (p. 353). Sin embargo, pese a sus esfuerzos, Pío IX simplemente se limitó a insertar en la misiva un párrafo en el cual le manifestaba al obispo de Orleans el estar "confiado de que con su acostumbrada dedicación por la defensa de la religión y la verdad, enseñará y hará comprender al pueblo el verdadero sentido de nuestras cartas incluso con mas celo y cuidado que con el que ha refutado tan vigorosamente las calumniosas interpretaciones que se nos han inflingido". Nuevamente, incluso con esta "llamada de atención", no quedan dudas de que Pío IX juzgó las posturas de Dupanloup como ortodoxas.

Me quedan algunas cosas más por comentar acerca de este interesante momento en la historia de la Iglesia, las cuales espero tratar en futuras entradas. De momento, el eventual lector que desee profundizar mas en el asunto puede valerse de las páginas citadas en este post, así como de este libro de Yves Cochin acerca de Pío IX (en castellano, pero no está disponible de manera completa), o de este breve artículo de Fr. Ricardo Corleto, OAR, los cuales también motivaron la redacción de esta entrada.

14 comentarios:

  1. Estoy en deuda con Ud. sobre este tema... Una puntualización importante que los tradicionalistas (no todos) por lo general saben: la libertad de cultos, entendida como derecho positivo humano de rango constitucional, era tolerable; y un católico podía apoyar tal ley como cualquier otra ley justa. Es decir, a pesar de la logo-fobia de algunos ultramontanos, la doctrina de la tolerancia se extendía también al nombre del derecho, siempre que estuvieran claros el fundamento y los límites.

    Saludos.


    puede ser el nombre jurídico positivo de la tolerancia

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    1. Martin Ellingham,

      Nada de deudas mi estimado, y mucho menos conmigo. En todo caso, considérelo una deuda con la blogósfera católica: no nos prive de su opinión con respecto al asunto, menos aún si se ha tomado la molestia de preparar un texto mas elaborado. Pero le reitero, si elige hacerlo público en este blog o en otro de mayor trascendencia, o si desea tomarse el tiempo necesario como para "pulirlo", es una cuestión secundaria.

      De acuerdo con la puntualización que usted marca. En general, la "logo-fobia" a la palabra "libertad" la padecen aquellos cuyo análisis se termina en "Dignitatis Humanae contradice a Quanta Cura"... desconozco el alcance de este tipo pensamiento en el "mundo real", pero al menos en la la red tiene bastante prevalencia... la "discusión imaginaria" con la que Dupanloup comienza su capítulo acerca de la libertad religiosa se ha repetido ad nauseam en blogs y foros.

      Un muy cordial saludo.

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  2. Hay un problema de mentalidad univocista. La noción de libertad, incluso entre los tomistas, no es unívoca. Este cuadro de un dominico lo ilustra bien:

    http://www.subirimagenes.com/otros-cuadrolibertadvict-7489235.html

    Saludos.

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    1. Concuerdo, pero pasa que esa mentalidad univocista sirvió (especialmente en la red, donde la palabra lo es casi todo... seguido tal vez de la estética, pero muy de lejos) para generar identidad. ¿No?

      Muy interesante el cuadro, pero no termino de comprender los elementos que están sobre el borde derecho. ¿Cuales son los elementos calificados como "(¿necesarios?) para omitir pudiendo obrar" y/o "para obrar pudiendo omitir"?

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  3. La cuestión crucial no es si la doctrina tradicional (sea Pío IX en particular o, en general, hasta Pío XII inclusive) aceptaba que, en ciertas circunstancias, el poder político otorgase la libertad civil (llámese así o mera tolerancia, no tengo horror ni a una ni a otra palabra) a todas las religiones, a salvo únicamente el orden público. Eso es algo que no puede sino concederse, y para ello no se requiere apoyarse en la declaración conciliar Dignitatis humanae, basta precisamente con esa doctrina tradicional. La cuestión crucial es si la doctrina conciliar (reafirmada hasta la saciedad en la predicación post-conciliar) acepta que, en ciertas circunstancias (por ejemplo, las pasadas de los tiempos de la Cristiandad, o de la monarquía hispánica, o de la España del general Franco), el poder político NO otorgase la libertad civil a todas las religiones, a salvo únicamente el orden público, sino que amparase exclusivamente la religión católica y prohibiera o restringiera las manifestaciones públicas de todas las demás. Y la respuesta es que esto último no se cumple, la doctrina conciliar no sabe dar cuenta y razón de la prohibición legítima, en ciertas circunstancias, de las manifestaciones públicas de las religiones falsas, conforme a lo requerido por el bien común y no por el mero orden público. Mientras que la enseñanza tradicional permite dar cuenta y razón, sin merma de la doctrina, tanto de aquellas circunstancias pasadas en que los poderes políticos católicos pudieron legítimamente negar o restringir la libertad civil a las religiones distintas de la católica (o no tolerar su práctica pública), como de las circunstancias presentes en que los poderes políticos otorgan esa libertad civil a todas las religiones, en cambio la nueva doctrina conciliar, al afirmar el derecho natural a la libertad religiosa, se hace inapta para dar cuenta y razón de aquellas circunstancias pasadas en que los poderes políticos católicos, bendecidos e incluso urgidos por la Iglesia, negaron esa libertad civil. En otras palabras, la doctrina tradicional permite aprobar tanto el edicto de Nantes como su revocación, tanto los regímenes de unidad católica como los de libertad religiosa, según las circunstancias, mientras que la nueva doctrina vaticanosegundista se hace irreconciliable con la historia de la Iglesia y de las naciones cristianas.

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    1. Urbel,

      Estoy casi totalmente de acuerdo con usted. De hecho, tengo pendiente un análisis a un texto de Eustaquio Guerrero acerca del significado del término "orden público" en Dignitatis Humanae.

      No niego que en DH hay una omisión: No se habla del uso por parte del poder temporal de fuerza coercitiva en defensa de la Fe o de la unidad de un pueblo cristiano (que son los únicos casos que la doctrina tradicional admite, siendo la unidad del pueblo un bien temporal y teniendo la Fe derecho a ser defendida por la fuerza). Pero pienso que aquí, lícitamente, puede decirse que al no referirse Dignitatis Humanae a la cuestión, no se ha cambiado esta doctrina.

      Lo que debería admitirse en tal caso, es que DH introduce criterios prácticos para aplicar la doctrina en nuestro tiempo, a saber:

      -La mera práctica pública de una religión falsa no debe considerarse como contraria al bien común (temporal) o al orden público.

      -La divulgación de una religión falsa debe evitar "cualquier clase de actos que puedan tener sabor a coacción o a persuasión inhonesta o menos recta".

      Estos criterios la Iglesia los presenta como válidos para nuestro tiempo, sin profundizar en los criterios que hayan sido usados en el pasado.

      Es más, a la hora de juzgar el pasado, debe evitarse el buscar "adecuar" la doctrina a fin de poder presentar como lícitas todas y cada una de las ocasiones en las que la Iglesia usó la fueza en defensa de la Fe. La Iglesia puede y pudo haber errado al juzgar algo como una amenaza para la Fe, para "ambos lados": Puede omitir impedir algo que realmente representa un pelígro, así como pudo haber utilizado la fuerza de forma ilegítima para impedir algo que en realidad no suponía peligro alguno para la Fe.

      Y esto precisamente por la esencia del principio doctrinal: la legitimidad del uso de poder coercitivo depende de la existencia de un peligro. Si el peligro no existe, el uso es ilegítimo. La opinión de Santo Tomás era un poco más permisiva: el uso de la fuerza queda legitimado cuando los infieles ponen "obstáculos" a la Fe.

      Aclaro que, en principio, me refiero siempre a los "no-bautizados". El bautizado está dentro de la jurisdicción de la Iglesia, la cual posee de suyo una autoridad coercitiva para corregir al que yerra, a fin de que cumpla con sus compromisos bautismales. El si los protestantes y ortodoxos caen o no dentro de esta jurisdicción es una cuestión doctrinal mucho mas compleja.

      Le agradezco mucho el comentario. Muy cordiales saludos.

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  4. Eremita y Urbel:

    - Voy a crear un blog aparte para el tema. En un par de días tendré escaneados los artículos de Victorino Rodríguez (que son un libro), los subiré y haré seis entradas sobre el tema.

    - Lo que plantea Urbel también fue tratado muy bien por el P. Victorino: los límites a la libertad religiosa, la relación entre bien común y orden público en la declaración conciliar. La elección de orden público fue poco feliz, por más que incluye algo a lo que se le puede sacar punta, con un poco de buena filosofía del derecho: la moral pública.

    - Si la moral pública religiosa (no tiene por qué limitarse al pudor público) es un bien jurídico a tutelar; y si las conductas que afectan negativamente ese bien pueden ser tanto dañosas como peligrosas (mal que les pese a los liberales, la doctrina católica no se opone a los delitos ni a las contravenciones de peligro); luego en un país católico la propaganda y el culto público no católico puede prohibirse. Esa fue la interpretación de algunos teólogos y canonistas españoles (entre otros el jesuita Guerrero). Pero es una interpretación que quedó en el olvido pastoral ( casi ningún obispo la recuerda) y académico (casi ningún teólogo ni iuspublicista recuerda la tesis del Estado confesional).

    - La interpretación casi unánime de Dignitatis humanae es aconfesionalista en cuanto a las relaciones Iglesia-Estado y personalista/liberal en lo referido a los límites a la libertad religiosa. Para mí es un dato indiciario de que el texto de DH es cuanto menos deficiente.

    Saludos.

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    1. Martin Ellingham,

      -Me parece una excelente decisión.

      -Nada que acotar con respecto al segundo punto.

      -No estoy del todo seguro de que Eustaquio Guerrero haya propuesto la prohibición del culto público no-católico, o al menos no es la impresión que me dio de los artículos que encontré en el sitio de la Fundación Speiro al que usted me refirió. Les pegaré una nueva leída.

      Con respecto a la tesis de la moral pública religiosa, también tengo mis reparos, los cuales debería tomarme un tiempo como para articular. En principio, si bien no niego que la unidad en la Fe es un bien temporal que el estado tiene derecho a proteger mediante la fuerza, el ejercer coerción sobre una conducta que no supone tal peligro constituiría un abuso grave. El hombre fue creado libre por Dios, quien lo doto de una conciencia que, aunque sea errada, lo obliga en el orden moral. Ejercer coerción sobre la conciencia es un acto que solo se justifica cuando se trasgrede el derecho (natural, positivo o divino), y por parte de quien tenga jurisdicción (autoridad para hacer valer el derecho trasgredido sobre la persona en cuestión). Por eso sostengo que coercer una conciencia sin estos elementos (en defensa de un derecho y teniendo autoridad/jurisdicción) es un mal.

      La cuestión del proselitismo es mas fácil de evaluar. Pero la mera práctica pública de un culto falso ¿puede suponer algún peligro para la Fe? Lo dudo poderosamente. ¿Corresponde al Estado o a la Iglesia realizar dicho juicio? Me parece que toda la evidencia apunta hacia la Iglesia, dado que el fin propio del estado es tutelar los bienes temporales, y la unidad en la Fe de un pueblo es un bien temporal, a lo sumo de manera indirecta... en esencia es un bien sobrenatural, cuya tutela es principalmente responsabilidad del ordinario (u oridnarios) del lugar, y no sobre sus gobernantes. En todo caso, como ha pasado incontables veces en la historia de la Iglesia, los prelados pueden solicitar el ejercicio de la fuerza para proteger este bien.

      En fin, estos son solo algunos pensamientos desordenados... seguramente con el pasar de los días y habiendo leído el material que publicará, se me ordenarán un poco mas los pensamientos.

      -Yo no estaría tan seguro de que la interpretación común de DH es aconfesionalista... el texto dice claramente que los hombres y las sociedades siguen teniendo obligaciones para con la verdadera religión... de hecho, el catecismo es aún mas claro en este punto. Lo que es deficiente en mi humilde opinión, es la mente de quienes hacen tales interpretaciones aconfesionalistas... o al menos sus capacidades de comprensión de texto.

      Saludos cordiales.

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  5. Martin Ellingham2 de marzo de 2012, 7:45

    Eremita:

    1. La verdad es que no me acuerdo bien qué dice Guerreo en concreto. Pero la legislación española hasta 1967 establecía lo siguiente:

    En principio, estaba prohibida toda manifestación pública no católica. La propaganda indiscriminada (diarios, radios, etc.) y el culto acatólico en lugares públicos abiertos estaba prohibido. Pero se toleraba en lugares públicos cerrados con autorización administrativa (templos, sinagogas, etc).

    Luego de la DH, algunos dijeron que la ley sólo tenía que cambiar los términos jurídicos pero no alterar el grado de inmunidad de coacción reconocida a los acatólicos en lo referente a culto y propaganda. No fue la opinión que prevaleció en el 67 y mucho menos en el 78.

    2. La interpretación aconfesionalista de DH es casi unánime en obispos y en el mundo académico (cátedras de canónico, público eclesiástico y ética social). Ya nadie habla de tesis e hipótesis, ni siquiera de generalización de la hipótesis (cosa a la que se anticipó Pío XII en 1955). La confesionalidad católica es en el mejor de los casos un anacronismo y en el peor se la considera una injusta discriminación para los no católicos. Hay excepciones en la UCA de Bs. As. por las influencias de la gente del palo...

    Saludos.

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    1. 1 - Bueno, ahora que lo menciona, recuerdo que el jesuita Guerrero defendía la compatibilidad de Dignitatis Humanae con la legislación española (el escribió sus artículos en el '65 creo), con muy pocos cambios. Me debo una entrada sobre ese artículo.

      2 - Claro, admito que el único contacto que tengo con el mundo académico en lo que a teología respecta, es el que me proporciona la web.

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  6. Eremita:

    Ya tengo escaneados los libros. La dirección del blog es la siguiente:

    lalibertadreligiosa.wordpress.com

    En cuanto pueda publicaré las entradas con los enlaces a los libros del fraile Victorino Rodríguez.

    Saludos.

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    1. Gran noticia. En cuanto publique el primer artículo lo agrego a los links.

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  7. Estimado:

    Ya está la introducción y el enlace para el primer artículo del P. Victorino. Hay para leer por una semana por lo menos (jeje, lo posible dentro del tiempo limitado que tenemos).

    http://lalibertadreligiosa.wordpress.com/2012/03/03/introduccion/

    Sinceramente, vengo leyendo y escribiendo sobre el tema de la DH y su continuidad o ruptura con el magisterio anterior desde 1998. Tengo un inédito que es un libro. Una caja enorme con fotocopias. Libros, artículos, fichas, etc. Lo único relevante que me falta leer es la tesis del benedictino Valluet (Le Barroux) y otra tesis que me mandaron por mail. Pero no las voy a leer porque me falta tiempo. La tesis del monje son 5 o 6 tomos y mi francés es básico. Los artículos del fraile Victorino son de lo mejor que hay en la bibliografía disponible.

    Saludos.

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    1. Déjeme decirle que se nota que viene estudiando el tema hace rato... la cantidad de bibliografía que maneja acerca del asunto es muy, muy superior a la que maneja en promedio la gente en la web.

      Le agradezco muchísimo que se haya tomado el trabajo de compartir esto.

      Un gran saludo.

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