miércoles, 29 de febrero de 2012

¿Que diría Pío IX de Dignitatis Humanae? Quanta Cura y el Syllabus según la interpretación de mons. Dupanloup

En estos días estuve leyendo algunos textos acerca de las reacciones de la Iglesia y los teólogos a la publicación de Quanta Cura y el Syllabus. Me encontré con cosas sumamente interesantes: la opinión de John Henry Newman y su posterior carta al duque de Norfolk, la figura de Louis Veuillot, el movimiento del liberalismo católico encabezado por Lamennais, Lacordaire, Montalembert... en fin, todas cosas muy interesantes.

Sin embargo, un texto de aquel momento me llamó considerablemente la atención: Una interpretación de Quanta Cura y el Syllabus escrita por el entonces obispo de Orleans, monseñor Felix Dupanloup, "autorizada" por Pío IX en persona. Motivado muy probablemente por las lecturas exageradas de los textos pontificios que hizo la prensa anti-eclesiástica, el prelado escribió y publicó un trabajo titulado "La Convention du 15 Septembre et l'Encyclique du 8 Décembre", por el cual no solo recibió centenares de cartas de agradecimiento por parte de muchos prelados (entre ellos, el entonces arzobispo de Perugia y futuro Papa, mons. Pecci, Leon XIII), sino que además, recibió el apoyo y agradecimiento del mismísimo Pío IX (en las primeras páginas del libro linkeado puede verse la misiva que envió el sumo pontífice al autor, en latín y francés).

En "Opuscula", el blog de Keith Gurries, puede encontrarse un buen análisis en tres partes de la "intervención" de monseñor Dupanloup; la primera, tratando acerca de los principios interpretativos que deben ser usados para analizar los textos (de especial importancia es la distinción entre proposiciones contrarias y proposición contradictoria, siendo esta última la que se afirma cuando se condena una proposición y no las primeras), la segunda, acerca de la distinción entre tesis e hipótesis (a mi juicio, de menor importancia, al menos en este contexto), y la tercera, acerca de la doctrina de la libertad religiosa. Dada la disponibilidad de este estudio (suficiente para quien quiera profundizar un poco más), yo solo voy a referirme brevemente a un aspecto particular del texto de Dupanloup: la terminología utilizada para tratar la cuestión de la libertad religiosa.

Dice el entonces obispo de Orleans:
"Bien, dice usted nuevamente: "pero, al menos la libertad de conciencia, la libertad de cultos... ¿niega usted que la encíclica las condene?" Aquí, de nuevo, ¡explíquese! Porque en Francia y en el mundo hay extrañas maneras de entender estas libertades. ¿Debe ser repetido por centésima vez? Lo que la Iglesia, lo que el Papa condena, es el indiferentismo religioso.

(...)

Pero, rechazar este insensato y culpable indiferentismo y las consecuencias de licencia absoluta que se siguen del mismo, ¿es acaso rechazar la tolerancia a las personas y la libertad civil de los cultos? (orig. liberté civile des cultes) Esto no se ha dicho jamás, y todos los teólogos dicen lo contrario.

De hecho, jamás se ha escuchado a los Papas condenar a los gobiernos que han creído su deber, según la necesidad de los tiempos, el inscribir esta tolerancia, esta libertad en sus constituciones.

Como decía antes, lo que me llama la atención es el uso del término "libertad civil". El tradicionalismo insiste en que el término "tolerancia" es el único susceptible de ser usado cuando se habla de la práctica pública de religiones falsas. Sin embargo, vemos que aquí monseñor Dupanloup, utiliza el término "libertad civil", que casualmente es el mismo que utiliza el catecismo para explicar el significado de Dignitatis Humanae:
2108 El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error (...), ni un supuesto derecho al error (...), sino un derecho natural de la persona humana a la libertad civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, en los justos límites, en materia religiosa por parte del poder político. Este derecho natural debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad de manera que constituya un derecho civil.

Es interesante ver como Dupanloup también cita como práctica no condenada por la Iglesia, el incorporar la libertad civil de culto a la legislación, práctica que manda Dignitatis Humanae y que cuestionan muchos tradicionalistas. De hecho, resultaba de vital importancia aclarar este punto, ya que muchos católicos pensaron (según las interpretaciones mas extremistas de Quanta Cura y el Syllabus) que ya no iban a poder jurar las constituciones de sus países por hacer referencia estas a la libertad de culto (los historiadores citan los casos de Francia y Bélgica). Dupanloup pone como contra-ejemplo, el cómo Pío VII aceptó tomar juramento a Napoleón (juramento que incluía el compromiso formal a respetar la libertad de cultos), luego de que el cardenal Fesch le aclarara al pontífice que este término significaba "una mera tolerancia civil y garantía a los individuos".

Intitulé este post con una pregunta: ¿Que diría Pío IX de Dignitatis Humanae? El comentario de Dupanloup no responde totalmente a esta pregunta, pero creo que se puede honestamente sacar del mismo la siguiente conclusión: La libertad civil de culto no fue condenada por el beato Papa Ferretti, ni tampoco la incorporación de este principio a la ley positiva, como una garantía a los ciudadanos no-católicos de un estado confesional. ¿Un derecho fundado en la dignidad humana? No me caben dudas de que Pío IX de ninguna manera hubiese estado de acuerdo con tal proposición, pero tampoco puede usarse Quanta Cura o el Syllabus para juzgarla ya condenada por el Magisterio; la interpretación de mons. Dupanloup, aprobada y alabada por el mismísimo Pío IX, no deja mucho lugar a dudas.

La contracara de esta historia es la persona de Louis Veuillot, periodista francés de tendencias que comúnmente serían definidas como "ultramontanas". Veulliot veía el trabajo de mons. Dupanloup como un "anti-syllabus" (¿suena conocido el término?). Cuenta el historiador Giacomo Martina en su libro "Pío IX" que Veulliot, quien se encontraba en Roma en ese momento, buscó en vano el impedir el envío de la "felicitación" a monseñor Dupanloup (p. 353). Sin embargo, pese a sus esfuerzos, Pío IX simplemente se limitó a insertar en la misiva un párrafo en el cual le manifestaba al obispo de Orleans el estar "confiado de que con su acostumbrada dedicación por la defensa de la religión y la verdad, enseñará y hará comprender al pueblo el verdadero sentido de nuestras cartas incluso con mas celo y cuidado que con el que ha refutado tan vigorosamente las calumniosas interpretaciones que se nos han inflingido". Nuevamente, incluso con esta "llamada de atención", no quedan dudas de que Pío IX juzgó las posturas de Dupanloup como ortodoxas.

Me quedan algunas cosas más por comentar acerca de este interesante momento en la historia de la Iglesia, las cuales espero tratar en futuras entradas. De momento, el eventual lector que desee profundizar mas en el asunto puede valerse de las páginas citadas en este post, así como de este libro de Yves Cochin acerca de Pío IX (en castellano, pero no está disponible de manera completa), o de este breve artículo de Fr. Ricardo Corleto, OAR, los cuales también motivaron la redacción de esta entrada.

lunes, 6 de febrero de 2012

Texto de mons. Lefebvre durante el Concilio

Gracias a Martin Ellingham he descubierto el sitio de la Fundación Speiro, que tiene un archivo de la publicación "Verbo", desde el año 1962 hasta el 2008. Originalmente estaba buscando los artículos del jesuita Eustaquio Guerrero acerca de Dignitatis Humanae; pude leer el primero y es realmente excelente. Sin embargo, buscando los otros, me crucé con un artículo de mons. Marcel Lefebvre, intitulado "Perspectivas conciliares entre la 3.a y la 4.a sesión", publicado originalmente en la conocida Itinéraires, que Verbo publicó traducido al castellano en 1965. En él, el arzobispo habla, entre otras cosas, acerca de la colegialidad, la liturgia, etc.

En mi humilde opinión, algunas declaraciones son... reveladoras. Por no decir que son una bomba. El resto del texto es también excelente, mons. habla del "nuevo magisterio" (la opinión pública), de los temores que abrigaba con respecto al esquema del cardenal Bea para lo que luego fue Dignitatis Humanae, describe con aterradora precisión las fuerzas oscuras (no hay mejor palabra para describirlas... a no ser que utilicemos términos como "demoníacas", "anti-cristianas", etc.) que operaron durante el Concilio, etc... a pesar de todo esto, al término de la tercer sesión, por este texto se puede adivinar que Lefebvre era sumamente optimista.

En la presente entrada, me centro en dos fragmentos que realmente me sorprendieron y que además son muy relevantes para la situación que estamos viviendo (la posible reconciliación de la SSPX), pero recomiendo vívamente la lectura íntegra del texto original.

Colegialidad: "La estructura tradicional de la Iglesia queda asegurada"


Copio casi íntegramente esta sección con algunos énfasis y [comentarios]:
Parece innegable que uno de los primeros objetivos que proponían quienes se erigían en portavoces de la opinión pública era el reemplazar el poder personal del Papa por un poder colegial. Al no permitir los sedicentes tiempos modernos que subsista una autoridad personal como la del Papa, (...), era preciso por tanto suprimir la Curia y dar al Papa un consejo de obispos con el cual gobernaría la Iglesia, teniendo así los obispos una verdadera participación en el gobierno de la Iglesia universal. Esta afirmación atentaría a la vez al poder personal del Papa y al poder personal del obispo.

Era preciso, pues, a toda costa, probar que la colegialidad jurídica tiene fundamentos en la tradición, y en consecuencia en la teología. La supresión de la distinción entre el poder de orden y el poder de jurisdicción facilitaría la prueba. Al tener el obispo por su consagración poder sobre la Iglesia universal, el Papa no puede gobernar la Iglesia universal sin contar con los obispos. Por lo mismo, el Papa no puede quitar o restringir demasiado los poderes de jurisdicción de los obispos, puesto que los tienen por su consagración.

La colegialidad era, pues, el objetivo a alcanzar. Alcanzado este objetivo, todas las conclusiones se deducen por sí mismas y modifican radicalmente las estructuras tradicionales de la Iglesia. En lo sucesivo, tanto en Roma como en las distintas naciones, la Iglesia estaría gobernada por asambleas y ya no por una autoridad personal absolutamente contraria, según los innovadores, a todos los principios de la sociedad moderna. La colegialidad se presentaba, pues, como el primer "caballo de Troya" destinado a destruir las estructuras tradicionales. De ahí la saña con que se emplearon todos los medios imaginables para asegurar el éxito. Es preciso confesar que humanamente, visto el número de quienes creían deber aprobarla, vistos los medios empleados, el éxito de la nueva tesis era seguro. [Lo admito sin vergüenza: leer esto me dio miedo.]

[Y este párrafo es... increíble.] Pero el Espíritu Santo velaba, y es preciso leer atentamente la nota explicativa para darse cuenta que ese mensaje ha descendido verdaderamente del Cielo, pues, en primer lugar, la nota elimina la colegialidad jurídica y, en consecuencia, suprime todos los derechos de los obispos al gobierno de la Iglesia universal; en segundo lugar, somete la jurisdicción personal de los obispos a la entera disposición del Sucesor de Pedro; en tercer lugar, reafirma que la función de Pastor de la Iglesia universal pertenece sólo al Papa y, en cuarto lugar, subraya claramente que los obispos no pueden obrar colegialmente más que de acuerdo con la voluntad explícita del Papa. La estructura tradicional de la Iglesia queda, pues, perfectamente asegurada, como lo afirmó el mismo Papa en su discurso de clausura. Hay que reconocer que después de las angustias que hemos padecido a lo largo de la segunda sesión y al comienzo de la tercera, esta luz divina proyectada de nuevo sobre la inmutable constitución de la Iglesia nos ha parecido como un signo patente de la divinidad de la Iglesia.

No se puede por menos de ligar los dos acontecimientos : el alejamiento de los errores que apartaba una colegialidad mal comprendida y la aparición de María Madre de la Iglesia, de la Iglesia de Nuestro Señor, de la Iglesia católica romana, de la Iglesia constituida por el Papa, por los obispos unidos y sometidos al Papa y jefes de sus iglesias particulares, por los sacerdotes y particularmente los párrocos cooperadores de los obispos, y por fin por los fieles, recibiendo por conducto de ese sacerdocio jerárquico las gracias innumerables que le permiten santificarse, santificar la familia, la parroquia, el municipio, la profesión, la sociedad, y así someter todo al orden divino por la práctica de la virtud de la justicia: Opus justitiae Pax. La Iglesia es verdaderamente eterna, y María, que por sí sola ha vencido a todas las herejías, continúa velando sobre ella con una maternal solicitud.

Creo que recordar que la colegialidad es uno de los puntos doctrinales que la SSPX critica actualmente del CVII... pareciera ser, por este texto, que mons. Lefebvre consideraba a la Lumen Gentium como perfectamente ortodoxa.

Liturgia: "Algo había que reformar y que volver a encontrar"


Idem anterior, copio casi íntegramente esta sección con algunos énfasis y [comentarios]:
En medio de las oposiciones, de las exageraciones, de las discusiones que caracterizan este período de adaptación, cabe esperar que sea encontrada una provechosa línea media. Al ver la rapidez, desacostumbrada en la Iglesia, con que en todos los países se han realizado las aplicaciones, no se puede por menos de temer que ciertas medidas produzcan resultados imprevistos y desgraciados. Así puede ocurrir respecto a la devoción al Santísimo Sacramento, a la devoción a la Virgen María
y a los Santos, cuyas imágenes están siendo eliminadas de numerosas iglesias sin ningún respeto a la más primaria pastoral y catequesis; a la bella y buena armonía de la casa de Dios, que se ha convertido en una casa de los hombres más que en una casa de Dios; a la belleza verdaderamente divina de los cantos latinos, suprimidos y todavía no reemplazados por melodías equivalentes.

[Otro párrafo que me dejó absorto:] No obstante estas afirmaciones, ¿debemos sacar la conclusión de que era preciso guardar todas esas cosas sin cambio? El Concilio, con mesura y prudencia, respondió negativamente. Algo había que reformar y que volver a encontrar.

Es claro que la primera parte de la Misa, hecha para enseñar a los fieles y hacerles expresar su fe, tenía necesidad de alcanzar esos fines de una manera más clara y en cierta medida más inteligible. A mi humilde opinión dos reformas en ese sentido parecían útiles: en primer lugar, que los ritos de esta primera parte se tradujeran en lengua vernácula. Hacer lo posible porque el sacerdote se aproxime a los fieles, se ponga en comunicación con ellos, rece y cante con ellos, esté, por tanto, en el púlpito, recite en su lengua las oraciones, las lecturas de la Epístola y el Evangelio; que el sacerdote cante en las divinas melodías tradicionales el Kyrie, el Gloria y el Credo con los fieles, constituyen otras tantas reformas afortunadas que devuelven a esta parte de la Misa su verdadero objeto. Que la ordenación de esta parte didáctica se haga en primer lugar en función de las Misas cantadas del domingo, de tal suerte que esta Misa sea el modelo al que deben adaptarse las otras Misas, constituyen otros tantos aspectos de renovación que parecen excelentes.

Añadamos sobre todo las directivas necesarias para una predicación verdadera, sencilla, emotiva, fuerte en su fe y determinante en las resoluciones. Es éste uno de los puntos más importantes que se deben obtener de la renovación litúrgica de esta parte de la Misa. Para los sacramentos y los sacramentales, el uso de la lengua de los fieles parece todavía más necesaria, puesto que les conciernen más directa y más personalmente. Pero son tales los argumentos en favor de la conservación del latín en las partes de la Misa que se hacen en el altar, que se puede esperar que en un día próximo se ponga límites a la invasión de la lengua vernácula en este tesoro de unidad, de universalidad, en ese misterio que ninguna lengua humana puede expresar y describir. [Aplaudo de pie]

Qué no debemos desear para que el alma de los fieles se una espiritualmente, personalmente, a Nuestro Señor, presente en la Eucaristía, y a su divino Espíritu, de tal suerte que quede proscrito de un modo absoluto todo lo que pueda perjudicar a ese objetivo, por exageración de las oraciones vocales y exageración de ritos, por falta de respeto a la Eucaristía, por una vulgaridad inconveniente para los misterios divinos. Una reforma en este terreno no puede ser buena si no asegura de un modo más cierto los fines esenciales de los misterios divinos, tal como Nuestro Señor los estableció y la Tradición los ha transmitido.

A mi esto me resulta increíble. Siempre me debatí cómo debería ser la "reforma de la reforma": ¿Eliminar el Novus Ordo? Se desataría otra guerra litúrgica. ¿Modificar el Novus Ordo? Podría ser. ¿Conservar la forma extraordinaria y reemplazar el Novus Ordo por una forma "mas sencilla" del rito tridentino (Lo cual no sería otra cosa mas que aplicar fielmente la Sacrosanctum Concilium)? ¿Podríamos llamarle a esto la "reforma lefebvrista de la reforma"?

Pobre monseñor Lefebvre... no se imaginaba ni por las tapas el desastre que vendría solo 5 años después.

sábado, 4 de febrero de 2012

SSPX - Status Questionis

Como había mencionado en la entrada anterior, tenía pendiente una entrada haciendo un resumen de la cuestión de la SSPX. Desde la publicación de la respuesta a mons. Ocariz Braña por parte del padre Jean-Michel Gleize, hasta el día de ayer, han surgido una serie de eventos, informaciones y desinformaciones que me parece apropiado revisar... aunque mas no sea para ordenar mis propios pensamientos (objetivo fundacional de este blog).

La propuesta de la Santa Sede a la SSPX


Habiéndome ocupado ya de la cuestión del estado jurisdiccional de la SSPX, comienzo esta entrada analizando el estado actual de las tratativas con la Santa Sede. Es sabido que las autoridades vaticanas entregaron el pasado 14 de Septiembre a la hermandad, un "preámbulo doctrinal", el cual esta debería aceptar para proceder a una regularización canónica. Si bien al principio el contenido de este documento se mantuvo en secreto, la reciente homilía dada en Estados Unidos por el superior general de la SSPX, ha permitido adivinar los lineamientos más generales del mismo. En esta homilía, dijo mons. Fellay:
Al final de esta discusión, viene esta invitación de Roma. En esta invitación hay una propuesta de regularización canónica. (...) Ellos cumplieron todos nuestros requisitos, podría decir, a nivel práctico. (...) El problema permanece en el otro nivel: el nivel doctrinal.

(...)

Ellos dicen "esto es lo que deben aceptar: deben aceptar que para aquellos puntos del Concilio donde hay dificultad (puntos ambiguos o conflictivos), puntos como el ecumenismo, la libertad religiosa, estos puntos deben ser entendidos en coherencia con la enseñanza perpetua de la Iglesia", "Entonces, si hay algo ambiguo en el Concilio, deben comprenderlo como la Iglesia siempre lo ha enseñado".

(...)

El problema, es que en este texto, ellos dan dos aplicaciones de cómo debemos entender estos principios. Estos dos ejemplos que nos dan son el ecumenismo y la libertad religiosa, tal y como son descritos en el catecismo de la Iglesia Católica, que son exactamente los puntos que le reprochamos al Concilio.

Creo que esto, sumado al comunicado prensa que la Santa Sede dio con ocasión de la entrega del preámbulo, dejan las cosas bastante en claro:

  • La propuesta canónica de la Santa Sede satisface todos los requisitos prácticos de la SSPX.
  • Se propone la famosa "hermenéutica de la continuidad" como criterio para interpretar los puntos dudosos del Concilio.
  • La Santa Sede considera su actual doctrina acerca de la libertad religiosa y el ecumenismo como perfectamente compatibles con la Tradición.

Es este último punto el que suscita la discordia, aunque no queda claro si la SSPX debe aceptar la doctrina del catecismo "tal y como está" para proceder a una regularización, o no. Mas acerca de esto hacia el final de la entrada.

La primera respuesta de la SSPX


Luego de que la SSPX se reuniera para discutir la propuesta de la Santa Sede, hubo ciertas indiscreciones por parte de algunos superiores que permitieron conocer algunos puntos del preámbulo... así como también que la respuesta inicial no sería positiva. En esos días, L'Osservatore Romano publicó un artículo de mons. Fernando Ocariz Braña (Vicario General del Opus Dei y miembro del comité encargado de llevar adelante las discusiones doctrinales con la hermandad) intitulado Sobre la adhesión al Concilio Vaticano II. Al cruce del prelado salieron de todos lados, yo mismo hice algunos comentarios desde mi propia perspectiva. Pero la respuesta mas oficial por parte de la SSPX la dio el padre Jean-Michel Gleize (también partícipe de las discusiones doctrinales) pocos días después de que nos enterásemos de que la SSPX ya había entregado una primera respuesta a Roma. Finalmente, se pudo saber que "uno de los componentes que conforman dicha respuesta", era en efecto el trabajo del padre Gleize.

Debe decirse que el paper del teólogo de la SSPX posee serias deficiencias. Tengo entre mis borradores una crítica más detallada al texto en cuestión, el cual espero pulir y publicar pronto, pero de momento, bastará con resaltar los siguientes puntos:

  • La mayoría de las premisas del texto están débilmente fundamentadas. Por ejemplo, Gleize pretende demostrar que el objeto formal del Vaticano II es incompatible con el de un acto magisterial, basándose principalmente en una simple frase del discurso inaugural del Concilio, ignorando, entre otras cosas, el resto del discurso, la evidencia interna de los documentos del Concilio, sus actas, la interpretación del Magisterio posterior, etc.
  • Las famosos "aparentes contradicciones" están tratadas al estilo blog. Lo único que hace Gleize con respecto a este importantísimo punto es hacer la típica lista "este documento contradice a este otro, aquel a aquel otro", etc.
  • Hace una interpretación muy tendenciosa de los textos que analiza.

Me detengo sobre este último punto para dar un claro ejemplo de aquello a lo que me refiero. En la segunda mitad del texto, Gleize se pasa un buen rato criticando el "nuevo" concepto de "continuidad" supuestamente propuesto por Benedicto XVI. Habla en una parte del discurso del Papa a la curia en Diciembre de 2005 (el famoso discurso de la hermenéutica de la continuidad). Gleize critica el concepto de "sujeto-Iglesia" como artífice de la continuidad, como queriendo inducir al lector a pensar que Benedicto XVI creyese que los dogmas no son verdades objetivas, sin embargo, es un hecho más que evidente para cualquier persona pensante, que la verdadera intención de Benedicto al hablar de la continuidad del sujeto-Iglesia, era refutar a los rupturistas liberales. Eso sin mencionar que en ese mismo discurso, Benedicto dijo cosas como esta:
Aquí quisiera citar solamente las palabras, muy conocidas, del Papa Juan XXIII, en las que esta hermenéutica se expresa de una forma inequívoca cuando dice que el Concilio "quiere transmitir la doctrina en su pureza e integridad, sin atenuaciones ni deformaciones", y prosigue: "Nuestra tarea no es únicamente guardar este tesoro precioso, como si nos preocupáramos tan sólo de la antigüedad, sino también dedicarnos con voluntad diligente, sin temor, a estudiar lo que exige nuestra época (...). Es necesario que esta doctrina, verdadera e inmutable, a la que se debe prestar fielmente obediencia, se profundice y exponga según las exigencias de nuestro tiempo. En efecto, una cosa es el depósito de la fe, es decir, las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta el modo como se enuncian estas verdades, conservando sin embargo el mismo sentido y significado".

Sin palabras. En fin, no es de extrañar que si el resto de los "documentos" contenidos en la respuesta a la Santa Sede fueron de este lamentable nivel teológico, la Santa Sede haya demandado de parte de la SSPX una aclaración subsiguiente, la cual mons. Fellay proporcionó hace unos días.

Posibles caminos por los que puede proseguir la discusión


De acuerdo a lo que sabemos y en mi humilde opinión, todo dependerá de si la Santa Sede desea insistir en que la SSPX acepte la doctrina de la libertad religiosa y los lineamientos sobre el ecumenismo presentados en el catecismo. Hay tres razones por las que pienso que esto no será así:

  • El comunicado de la Santa Sede acerca del preámbulo doctrinal, aclaraba que este dejaba abierta la posibilidad de "discusión legítima, el estudio y la explicación teológica de expresiones o formulaciones particulares presentes en los documentos del Concilio Vaticano II y del Magisterio sucesivo."
  • Como ya he hecho notar alguna vez, el cardenal Levada dijo en una entrevista que la Santa Sede está dispuesta a revisar todo el catecismo con la SSPX.
  • Ninguno de estos dos elementos es, al día de hoy, irreformable. Es más, los lineamientos acerca del ecumenismo ni siquiera son doctrinales y no requieren adhesión alguna... de hecho, yo mismo no los comparto: el número 821 del catecismo me parece lisa y llanamente erróneo... y nadie es menos católico por pensar así.

Ha de hacerse la salvedad de que si bien es posible disentir con respecto a la doctrina de la libertad religiosa expuesta en Dignitatis Humanae (ya que este documento no ha sido propuesto ni como irreformable ni como infalible), uno no puede simplemente ignorarlo: exige un "religioso obsequio de la mente y la voluntad". ¿Qué significa esto? Ya lo he tratado de forma teórica, pero si vamos a la aplicación práctica en este caso particular, me parece que la SSPX deberá "defender" su postura, explicando detalladamente por qué no puede en conciencia aceptar este documento... hasta el momento, la SSPX no ha demostrado (y dudo que pueda hacerlo) el supuesto carácter herético de Dignitatis Humanae. Si por lo menos hiciesen una defensa coherente de su postura, tal vez la Santa Sede la tomaría por suficiente... al fin y al cabo, si Roma considera que para ser católico es necesario adherir a DH en su integridad, no tiene más que proclamar con la debida autoridad las doctrinas en él contendidas con caracter de irreformables.

Por otro lado, tal vez Roma insista en llegar a un acuerdo teológico sobre este punto... sin embargo, en mi humilde opinión, tal debate y posterior acuerdo puede y debe darse luego de que la SSPX vuelva a tener jurisdicción y pueda administrar los sacramentos sin la menor sombra de duda acerca de su licitud y validez. Como mas de una vez he dicho, solo un disenso en doctrinas "de fide" puede justificar la postergación del acuerdo canónico. Ahora bien, ya sabemos que para Roma, las cuestiones en disputa no pertenecen al Depósito de la Fe (lo cual de por sí debería bastar), con lo cual, a menos que la SSPX pueda demostrar que las doctrinas que defienden hayan sido declaradas como infalibles o irreformables y que el magisterio posterior peque de herejía contra las mismas (tesis que me parece errónea, casi con toda probabilidad), entonces no habría obstáculo para una regularización.

Ahora bien, si la fraternidad insiste en rechazar "in toto" el Concilio Vaticano II, sea por la razón que sea, entonces se tardará varios años más en llegar a un acuerdo. No hay ninguna razón teológica para rechazar en bloque este Concilio, de hecho, mons. Lefebvre mismo no lo hizo (ver la nota 37 del trabajo de Gleize). Todas las tesis propuestas por Gleize, la invalidez de su objeto formal, la invalidez su destinatario, la invalidez de su marco filosófico, etc., no han sido suficientemente probadas (siendo muy generoso). A la hermandad no le queda más que atenerse a los puntos concretos que critica, al igual que su fundador (el menos en sus primeras épocas). Esa es la única forma en la que este debate puede avanzar.

viernes, 3 de febrero de 2012

La SSPX no dijo que no, o ya se sabía que la primer redacción del preámbulo había sido rechazada, o como hacer una noticia de la nada misma.

Hay ciertas cosas del periodismo eclesiástico (sea este profesional o amateur) que me resultan totalmente incomprensibles. El día de hoy, a traves de rorate-caeli tomé conocimiento de un sermón predicado por el superior de la SSPX, mons. Fellay, en ocasión de la Fiesta de la Presentación. En dicho sermón, Fellay explicó (entre otras cosas) las razones por las cuales la fraternidad había rechazado la primer redacción del preámbulo doctrinal.

A pesar de que esto se sabía desde hace rato, muchas fuentes de noticia han salido a decir que "la fraternidad ha rechazado" la oferta de la Santa Sede así sin mas, cual si fuera una novedad (lo cual es erróneo) o un "no" definitivo (lo cual también es falso). Me lo imaginaba de InfoCatólica, (que trata el tema por partida doble), pero también ha caído Fernando de la Cigoña (con un reporte un tanto mas moderado), el prestigioso sitio Vatican Insider y su reportero estrella Andrea Tornielli, y hasta el mismísimo padre John Zuhlsdorf (aunque hay que decir que este último solo se limita a comentar el fragmento publicado del antedicho sermón).

Hasta tal punto ha llegado la confusión que el mismo sitio rorate-caeli publicó un nuevo post pidiendo a la blogósfera y periodistas en general, que mejoren sus habilidades de comprensión de texto. En fin... podría asumir muchísimas cosas, inclusive llegando a teorías conspiranóicas... pero siguiendo el consejo de Santo Tomás, voy a asumir "lo mejor", que en este caso sería asumir que es todo un malentendido.

Y ya que estamos, prontamente voy a terminar de redactar un post que tengo guardado hace rato, acerca de la situación doctrinal y canónica de la hermandad, incorporándole algunas discusiones que he tenido recientemente en otros sitios.

 
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