viernes, 16 de diciembre de 2011

Status Questionis de la libertad religiosa previo al Concilio Vaticano II

Encontré en el blog "Disputationes Theologicae" un documento súmamente interesante. Resulta ser que con respecto a la libertad religiosa, previamente al Concilio, había dos posiciones diametralmente opuestas: la del cardenal Ottaviani y la del cardenal Bea. A ambos les fue encargado redactar textos preliminares para el Concilio; Ottaviani para la Constitución Dogmática acerca de la Iglesia (lo que sería Lumen Gentium) y Bea para el proyecto sobre el ecumenismo (me imagino que es de donde surgieron Nostra Aetate, Unitatis Redintegratio, y Dignitatis Humanae). Estos textos poseían ambos sendas secciones referidas a la libertad religiosa, obviamente, con opiniones antagónicas.

Como bien se sabe, las posiciones del cardenal Bea prevalecieron. Lo que ha hecho la gente de Disputationes Theologicae es publicar el texto original de Ottaviani (en italiano), que representa el "Status Questionis" de la libertad religiosa, antes del Concilio, según el antes mencionado cardenal.

La mayor parte del documento postula cosas que la Iglesia post-conciliar sigue profesando: Los deberes del Estado para con la verdadera religión, etc. Pero copio aquí el único punto que me parece contrario a la enseñanza del Concilio:

(...) ningún motivo autoriza al poder civil a forzar a las conciencias a aceptar la Fe divinamente revelada. En efecto, la fe es libre por esencia, y ella no puede ser objeto de ninguna coerción, así como lo enseña la Iglesia diciendo: "Ninguno puede ser obligado, contra su propia voluntad, a abrazar la Fe católica". Pero esto no impide de ningún modo que el poder civil deba procurar las condiciones intelectuales, sociales y morales, gracias a las cuales fieles, incluso aquellos que no tienen grandes conocimientos, puedan fácilmente perseverar en la fe que han recibido. Por esta razón, así como el poder civil estima que es su deber el procurar el cuidado de la moralidad pública, del mismo modo, a fin de preservar a los ciudadanos de las seducciones del error y para que el Estado sea conservado en la unidad de Fe, que es el bien supremo y es la fuente de una multitud de beneficios, incluso en el orden temporal, el poder civil puede regular las manifestaciones públicas de los demás cultos, y defender a los propios ciudadanos de la difusión de las falsas doctrinas a causa de las cuales, a juicio de la Iglesia, su eterna salvación es puesta en peligro.

Aquí está el quid de la cuestión de la libertad religiosa. El Concilio Vaticano II enseñó que el límite que posee el Estado para restringir la práctica pública de las religiones falsas y la difusión de doctrinas erróneas es la ley natural. La enseñanza del Magisterio del siglo XIX hasta el Concilio desconoce dicho límite y pareciera ubicarlo en la obtención de bienes temporales como la unidad en la Fe del pueblo (esa pareciera ser la lectura mas coherente, dado que ya en Immortale Dei, León XIII descartó por completo cualquier atribución del estado en el orden sobrenatural... en este dominio solo posee obligaciones). Previamente a eso, tal y como demostró el profesor Thomas Pink en su importantisimo trabajo "What is the Catholic Doctrine regarding religious liberty?" (que no puedo cansarme de recomendar a cualquier persona interesada en el tema y que sepa inglés), desde la contra-reforma hasta principios del siglo XIX, se asumía que el límite de la autoridad coercitiva de la Iglesia era la jurisdicción sobre los bautizados (la Iglesia no se atribuía derecho a ejercer coerción sobre los no-cristianos).

En fin, desearía tener suficiente tiempo como para embarcarme en una traducción completa del artículo del profesor Pink, que aborda detalladamente todos estos temas... tal vez para las vacaciones.

martes, 13 de diciembre de 2011

La SSPX y la jurisdicción

Hace ya algunas semanas, rorate-caeli publicó un artículo de Côme de Prévigny acerca del estado actual de las "negociaciones" entre la SSPX y la Santa Sede. Hubo una frase de este texto que me indignó, lo cual motivo dos comentarios míos. Reproduzco el primero de ellos, que sintetiza perfectamente un error en el que incurre la SSPX al evaluar su situación eclesiológica.
De Prévigny dice: "Todos ellos (los sacerdotes de la SSPX) desean ardientemente una regularización de su sociedad. ¡Esto haría sus tareas diarias mas fáciles!"

Leer cosas como estas me hace pensar que dentro de la SSPX hay una comprensión incompleta de lo que es la jurisdicción, o al menos una idea que no está en linea con la tradición o la doctrina común antes del Concilio Vaticano II.

Es "sententia communis" (o al menos, lo era antes del concilio, de acuerdo a la Catholic Encyclopedia) que debido a la constitución monárquica de la Iglesia, todo poder ejercido sobre ella (o cualquier porción de ella) debe emanar inmediatamente del Soberano Pontífice (cf, Enciclopedia Católica, Obispo, Derechos y Poderes del Obispo). Nuestro Señor Jesucristo constituyó la Iglesia de tal forma que todo fiel estuviese bajo la jurisdicción de un Sucesor de los Apóstoles. La ordenación episcopal confiere la condición de ser un Sucesor de los Apóstoles, pero la jurisdicción, el derecho de enseñar, gobernar y santificar cualquier porción de la Iglesia, solo puede provenir del Papa (de nuevo, esto no es ex cathedra pero es la enseñanza común de los teólogos, especialmente antes del Concilio Vaticano II)

En cualquier caso, la jurisdicción es un elemento esencial de la Iglesia, establecido por el Derecho Divino. No es un punto menor del derecho canónico positivo, que puede simplemente ser ignorado si uno juzga privadamente que sería mejor hacerlo "pro salus animarum". Es verdad que la Iglesia "suple" la jurisdicción para actos particulares bajo ciertas condiciones, pero no existe algo como una jurisdicción suplida para todo un apostolado, misión o Iglesia Particular.

Entonces, si los sacerdotes de la SSPX "desean ardientemente una regularización de su sociedad", no debe ser simplemente para hacer "sus tareas diarias mas fáciles", sino para realmente tener el derecho de enseñar, santificar y gobernar a la gente a la que sirven... para que ellos estén bajo la jurisdicción de un Sucesor de los Apóstoles en plena comunión con el obispo de Roma, tal y como Nuestro Señor estableció. La SSPX puede aducir que reconocen la jurisdicción del ordinario local, ¡pero el problema es que las personas a las que sirven no!

El otro comentario hacía referencia a los problemas doctrinales, así que no lo copio ya que no tiene mucho que ver con la presente discusión. Agrego algunas notas como para cerrar este post:

En mi opinión personal, realmente hubo un "estado de necesidad" durante los años en los que se formó y creció la SSPX. Hubo un gran número de fieles que se escandalizaron por la destrucción de la liturgia, el cambio en el lenguaje teológico, ciertos abusos, etc. Es perfectamente lógico y comprensible que estos fieles acudiesen a sacerdotes de grupos tradicionalistas para seguir recibiendo los sacramentos y la catequesis. En esta situación, no cabe duda de que la Iglesia suplió la jurisdicción para Confesiones, Matrimonios y demás actos que la requiriesen para su validez y/o licitud.

La pregunta es hasta que punto puede este estado de necesidad persistir: La Misa tridentina ya ha sido liberada y de a poco va teniendo mas disponibilidad en todo el mundo. Todavía persisten problemas de orden doctrinal, es verdad... yo más bien diría teológicos. ¿Son suficientes estos problemas para seguir aduciendo un estado de necesidad? ¿Es necesario que sean resueltos antes de procurar una regularización? Son preguntas difíciles, pero creo que hay un criterio válido que puede usarse para responderlas:

La comunión en la Iglesia tiene como presupuesto necesario, el que se comparta una misma Fe. En la medida en que los fieles "tradicionalistas" no crean tener la misma Fe que sus respectivos obispos o que el resto de la Iglesia (es decir, si creen que el Papa y demás obispos en comunión con él, yerran en cuestiones "de fide"), el estado de necesidad persiste (en tanto y en cuanto estos fieles deseen la comunión, sino, estamos hablando de un cisma). Tampoco puede haber una "regularización" en esta situación; la jurisdicción solo puede ser conferida a un Sucesor de los Apóstoles "en comunión" (de fe) con el Papa, o delegada en presbíteros también en plena comunión de fe.

¿Son "de fe" los problemas doctrinales que plantea la SSPX? A priori me parece que no... ni la libertad religiosa, ni la colegialidad, ni las leyes litúrgicas, ni el ecumenismo han sido objeto de definiciones ex cathedra, al menos hasta donde llegan mis conocimientos. Muchos dirán que la "libertad religiosa" fue condenada ex cathedra en Quanta Cura... eso ameritaría una discusión teológica a parte, pero a priori me parece que no (alguien en el Concilio debió haberse dado cuenta de que estaban promulgando una herejía... y ni siquiera mons. Lefebvre catalogó de herética a Dignitatis Humanae, Ottaviani tampoco... en fin...). Pero bueno, si la SSPX dice que si, entonces es un tema que debe ser aclarado antes de proceder a una regularización (o declarar inexistente el estado de necesidad).

También está el tema de la Professio Fidei... esta "profesión" es el texto que manifiesta (al menos jurídicamente) la comunión de Fe que debe darse entre los creyentes... deben hacerla todos aquellos que son elegidos para desempeñar un oficio eclesiástico. Según se dice, el famoso "Preámbulo Doctrinal" requeriría la aceptación de este texto. Resulta ser que su último párrafo reza: "Me adhiero, además, con religioso obsequio de voluntad y entendimiento, a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo.". Aquí está el problema. Refiero a mi anterior entrada acerca de la SSPX y el Obsequio Religioso. Como dije en dicho post, opino que el otorgar el obsequio religioso no implica necesariamente la "adhesión" o "asentimiento" a la doctrina propuesta... pero bueno, eso es otro tema del que ya he hablado. Aquí se mezclan las cosas, porque si bien el problema no sería "de fe" sino relativo a doctrinas reformables, estas requerirían "algo" (obsequium religiosum) que la SSPX no estaría dispuesta a dar (en caso de que obsequium signifique asentimiento)... y harían bien, porque solo las verdades de Fe exigen asentimiento de Fe (si el intelecto o la conciencia me dicen que algo es erróneo, es imposible para la voluntad dar asentimiento). Tal vez si en lugar de decir "Me adhiero, además, con religioso obsequio..." dijese "Respeto, además, con religioso obsequio..." estaríamos mas cerca de un acuerdo. Como he dicho, el Magisterio le debe a la Iglesia una definición precisa y clara de lo que es el "obsequium religiosum".

Así que bueno, todavía está por ver en que termina todo esto.

domingo, 4 de diciembre de 2011

La SSPX y el obsequio religioso

Para el lector que no está adentrado en el asunto, hago una breve introducción: La Hermandad Sacerdotal San Pío X (SSPX) es un grupo de sacerdotes católicos (al que luego se fueron agregando religiosos, miembros terciarios, etc.) fundado por el difunto arzobispo francés Marcel Lefebvre en el año 1970.

En dudosas circunstancias, a este grupo le fue quitado el reconocimiento canónico (año 1978, si no me falla la memoria). ¿Por qué? Aparentemente, por criticar la Misa post-conciliar y diversas doctrinas del Concilio Vaticano II. Debido a esta quita de reconocimiento canónico, todos los presbíteros ordenados posteriormente a esa fecha están suspendidos a divinis. La situación se agravó aún más cuando, en el año 1988, mons. Lefebvre ordenó a cuatro de sus presbíteros como obispos, sin autorización de la Santa Sede. Hizo esto para asegurarse de que los jóvenes formados en su seminario pudiesen ser ordenados. Este acto le ameritó la pena de excomunión a él y a los cuatro obispos ordenados. En 2009, Benedicto XVI retiró las excomuniones a los obispos en cuestión.

En estos últimos tiempos, ha habido discusiones doctrinales con los teólogos de la SSPX, para revisar aquellos puntos del Concilio Vaticano II y el magisterio de los últimos cinco Papas, con los que ellos disienten. Estas discusiones han concluido con la formulación de un Preámbulo Doctrinal, el cual la hermandad debe aceptar como pre-condición para volver a tener reconocimiento canónico. Hasta aquí la introducción.

Hace unos días, monseñor Ocariz Braña, uno de los teólogos que participó de las discusiones doctrinales, publicó un artículo en L'Osservatore Romano (diario oficial de la Santa Sede), en el cual vierte algunos conceptos acerca del obsequio religioso, la hermenéutica de los documentos magisteriales, etc. Este artículo levantó una inmensa polvareda en la blogósfera, y si bien aún no ha habido respuesta oficial por parte de la SSPX (ni creo que la vaya a haber), en muchos blogs en los que abundan comentaristas miembros o "simpatizantes" de la hermandad, se ha dejado adivinar un nuevo disenso: el nivel de asentimiento debido a los actos del magisterio no infalibles ni irreformables, conocidos comúnmente como magisterio "auténtico" (aunque este termino no me parece apropiado... ¿acaso el Magisterio infalible no es también auténtico?).

Status Questionis


Hasta donde se, Lumen Gentium es el primer pronunciamiento magisterial referido al nivel de asentimiento debido a los distintos tipos de pronunciamientos magisteriales. Referido a las enseñanzas propuestas de manera no infalible, este documento dice:
Los Obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y católica; los fieles, por su parte, en materia de fe y costumbres, deben aceptar el juicio de su Obispo, dado en nombre de Cristo, y deben adherirse a él con religioso respeto. Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular ha de ser prestado al magisterio auténtico del Romano Pontífice aun cuando no hable ex cathedra; de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesión al parecer expresado por él

Muchos años después, en la declaración Donum Veritatis, el entonces cardenal Ratzinger dio una enseñanza un tanto mas clara:
23. Cuando el Magisterio de la Iglesia se pronuncia de modo infalible declarando solemnemente que una doctrina está contenida en la Revelación, la adhesión que se pide es la de la fe teologal. Esta adhesión se extiende a la enseñanza del magisterio ordinario y universal cuando propone para creer una doctrina de fe como de revelación divina.

Cuando propone « de modo definitivo » unas verdades referentes a la fe y a las costumbres, que, aun no siendo de revelación divina, sin embargo están estrecha e íntimamente ligadas con la Revelación, deben ser firmemente aceptadas y mantenidas[22].

Cuando el Magisterio aunque sin la intención de establecer un acto « definitivo », enseña una doctrina para ayudar a una comprensión más profunda de la Revelación y de lo que explícita su contenido, o bien para llamar la atención sobre la conformidad de una doctrina con las verdades de fe, o en fin para prevenir contra concepciones incompatibles con esas verdades, se exige un religioso asentimiento de la voluntad y de la inteligencia[23]. Este último no puede ser puramente exterior y disciplinar, sino que debe colocarse en la lógica y bajo el impulso de la obediencia de la fe.

Hasta donde yo sabía, nadie objetaba estos puntos... pero me equivoqué. El tema se está discutiendo en blogs como rorate-caeli, el blog del padre John Zuhlsdorf y también en Info-caótica, blog en el cual han dedicado otras dos entradas a analizar el texto en detalle (parte 1 y parte 2). También se han referido al artículo el P. Morado de Infocatólica, la Cigüeña de la Torre, aunque con menos eco por parte de sus lectores.

¿Hay pronunciamientos previos al Concilio?


Pocos. El Syllabus de errores de Pío IX ya condena la postura de que "La obligación de los maestros y de los escritores católicos se refiere sólo a aquellas materias que por el juicio infalible de la Iglesia son propuestas a todos como dogma de fe para que todos los crean." (n. 22), con lo cual, es evidente que el magisterio no infalible supone ciertas obligaciones. Luego de eso, tenemos la opinión de los teólogos. El usuario "Br. Joseph" del foro Angelqueen.org, publicó un sumario muy interesante de las diversas posturas. En el vemos, por ejemplo, la opinión del padre Joaquim Salaverri que dice que "A los decretos doctrinales de la Santa Sede (...) se les debe un asentimiento de la mente (intelecto), interno y religioso.". El padre Joseph Fentom opinaba que a un pronunciamiento no-infalible, el fiel debe adherirse "Con un asentimiento mental (intelectual) firme pero condicional". El padre Nicolas Jung da una opinión un poco mas extensa:

Esta es la razón por la cual debemos al magisterio auténtico, no un asentimiento ciego e incondicional, sino uno prudencial y condicional: Dado que no todo lo enseñado por el Magisterio ordinario es infalible, debemos preguntarnos que tipo de asentimiento debemos darle a sus diversos pronunciamientos. El cristiano esta obligado a dar su asentimiento de Fe a todas las verdades morales y doctrinales definidas por el Magisterio de la Iglesia. No está obligado a dar el mismo asentimiento a la enseñanza impartida por el soberano pontífice cuando esta no es impuesta a todo el Cuerpo de Cristo como dogma de Fe. En este caso, basta dar ese asentimiento interno y religioso que damos a la autoridad eclesiástica legítima. Este no es un asentimiento absoluto, porque tales decretos no son infalibles, sino un asentimiento prudencial y condicional, dado que en cuestiones de Fe y Moral hay una presunción en favor del superior... Tal asentimiento prudencial no elimina la posibilidad de someter la doctrina a posterior examen, si eso parece necesario debido a la gravedad de la cuestión.
Nicolas Jung, Le Magistère de L’Èglise, 1935, pp.153,154

Cita por último el forero en cuestión a Paul Nou:

Si no hemos de ser arrastrados al error, debemos urgentemente recordar que el asentimiento debido al magisterio no-infalible... es aquel de asentimiento interno, no de fe, sino de prudencia, cuya negación no podría escapar la marca de la temeridad, a no ser que la doctrina rechazada sea una innovación o conlleve una manifiesta discordancia entre la afirmación pontificia y la doctrina que hasta entonces había sido enseñada.
Dom Paul Nau, Pope or Church?, p.29, 1956

Esta última cita parece echa a medida de la SSPX, de hecho, simplemente estoy repitiendo las citas dadas por el forero en cuestión, con lo cual no descarto una cierta parcialidad. Sin embargo, podemos trabajar con las citas tal y cómo están.

La opinión del obispo Christopher Butler


El bloguero y asiduo comentarista de info-caótica Miles Dei aportó a la discusión en dicho blog, un texto del obispo Christopher Butler acerca de la autoridad del Magisterio, en el cual habla también acerca del concepto de obsequio religioso en los textos del Concilio Vaticano II. Mas que nada toma algunos pensamientos de monseñor Philips, secretario de la comisión teológica del Concilio Vaticano II. Tomo y traduzco algunos párrafos relevantes:
'Obediencia' podría ser una traducción apropiada de 'voluntatis obsequium' (aunque pienso que es muy fuerte como para cubrir todos los casos), pero no puede ser el significado de 'intelectus obsequium'. El intelecto no puede "obedecer"; lo que puede hacer es comprender y dar asentimiento.

Solo puedo dar mi asentimiento a algo como verdadero si es evidente por si mismo o garantizado por condiciones externas. Puedo asentir a una definición ex cathedra porque, a pesar de que normalmente no es evidente por si misma, está garantizada como verdadera por la asistencia del Espíritu Santo. Pero no puedo asentir, por ejemplo, a la enseñanza de Humanae Vitae simplemente porque "Roma ha hablado", porque no tengo garantía de que el Espíritu Santo haya preservado al Papa del error, al no estar hablando ex cathedra. Es por eso que pienso que "obediencia" es demasiado fuerte como para traducir al "voluntatis obsequium" y totalmente incapaz de traducir el "intellectus obsequium". Preferiría traducir obsequium con otro término vago: "debido respeto".

(...)

Mons. Philips aclara que 'nadie puede reclamar el poner sobre nosotros la obligación de asentimiento intelectual incondicional para con tales enseñanzas' (no infalibles) (...) (Sigue diciendo mons. Philips que) cuando el Papa enseñe de forma no infalible, 'los fieles estarán profundamente dispuestos a respetar/venerar su autoridad en lugar de tratarla con desprecio o incluso con burla'. La obligación de sumisión (u obsequio) es exactamente proporcional al grado con el cual el oficio de enseñar es ejercido.

(...)

Si el Papa o un obispo hace una declaración oficial que no llega a ser una definición (ex cathedra o irreformable), o si da solo consejo prudencial, estaremos obligados, proporcionadamente, a asentir, con docilidad, o con cordial atención.

El obsequio es entonces, variable, mientras que el asentimiento es, según el uso que doy a la palabra, incondicional. No doy mi asentimiento en mayor medida a la proposición "dos mas dos es cuatro", que a la proposición "cinco al cuadrado es veinticinco", que a la proposición "Yo existo". En cada caso, simplemente doy (o niego) mi asentimiento. Pero muestro mas "obsequium" por mi obispo diocesano cuando expone la Fe, que a pronunciamientos similares hechos por otros obispos... y menos que por el que doy a las enseñanzas no infalibles del Papa cuando se dirige a la Iglesia Universal, y no simplemente a su rebaño en Roma o a una conferencia de Obispos.

Pienso que "respeto teórico y práctico" es mas o menos el sentido de "obsequium".

Las soluciones posibles al problema


Bien, hemos revisado las diversas opiniones y textos que han traído a colación los internautas que están discutiendo este tema. Según mi humilde entender, podemos resumir las posturas existentes en las siguientes tres:

  • A los pronunciamientos magisteriales no-irreformables se les debe una sumisión religiosa del intelecto y la voluntad
  • A los pronunciamientos magisteriales no-irreformables se les debe un "respeto" proporcional/correspondiente a la forma (en sentido tomista) del pronunciamiento en cuestión.
  • A los pronunciamientos magisteriales no-irreformables se les debe un asentimiento intelectual condicional, o también "prudencial".

¿Que hacemos con esto? Primero que nada, debe decirse que la primer postura es una enseñanza magisterial, mientras que las otras dos son solo opiniones teológicas. Pero casualmente, ¡es una enseñanza no-infalible! Con lo cual, para no caer en un razonamiento circular, debemos proceder prescindiendo de este dato.

Creo que será conveniente mirar primero lo que estas posturas tienen en común: ninguna aduce que deba darse al magisterio no-infalible un asentimiento de Fe. Ninguna aduce que este tipo de pronunciamientos obliguen en conciencia. ¿Que quiere decir eso? Que sea cual sea la solución por la que optemos, es posible que, al final de un proceso intelectual que aún no podemos ver con claridad, una persona pueda lícitamente "no afirmar"/"no sostener" una doctrina enseñada como no-infalible, sin que esto disminuya su comunión con la Iglesia. La diferencia entre las distintas posturas radica exactamente en la naturaleza de este proceso por el cual un fiel puede negar una doctrina no-infalible.

Comenzando por la tercer postura, pareciera ser que la SSPX, siguiendo a Paul Nou, aduce que basta el juicio privado para "desestimar" una doctrina no-infalible. Nou parece afirmar que basta que uno juzgue la enseñanza en cuestión como "novedosa" o "discordante con lo que se enseñó previamente", como para que uno pueda lícitamente desestimarla. El problema que encuentro con esta postura, es que no plantea ningún tipo de obligación al fiel... no compromete a ninguna de las potencias de la persona, simplemente deja la decisión al juicio de cada individuo y da un simple criterio para efectuarlo (que bien podríamos llamar tradional-ismo). Esto me parece cercano a la opinión que Pío IX condenó en el Syllabus, a saber, que solo las enseñanzas ex cathedra suponen obligaciones al fiel. Pero, ¿a que estamos entonces obligados en estos casos?

Analicemos aquí la primer postura (como si fuera una opinión teológica más, y no como la enseñanza magisterial que es). Dice esta opinión que hay que dar una "religiosa sumisión del intelecto y la voluntad" a la enseñanza en cuestión. ¿Que puede significar esto? Hay que analizar la sumisión de estas dos potencias de forma independiente. En principio, enseña el tomismo que el entendimiento es una potencia pasiva, con lo cual, la única forma posible de "someterlo" es exponiéndolo a la doctrina en cuestión y sus fundamentos. A esto se suma la sumisión de la voluntad: Si sabemos que no estamos obligados a dar un asentimiento de Fe, ¿que implica este sometimiento de la voluntad? La opinión mas común es la de "no desear el disenso", "tener la voluntad de dar un asentimiento", "desear adherir". Se dice que esta doble sumisión es "religiosa" pues se efectúa en respuesta a la autoridad que propone la enseñanza, que fue instituida por Cristo para desempeñar esta función de enseñar y que está asistida por el Espíritu Santo, las gracias de estado, etc.. Entonces, podemos concluir que la sumisión del intelecto y la voluntad, implica disponer el uso de estas potencias de nuestra alma, en pos del asentimiento de la doctrina en cuestión, en virtud de la autoridad que la propone (instituida y asistida por Dios).

Finalmente, si bien la segunda postura no nos habla demasiado acerca de la naturaleza del acto con el cual debemos responder a la enseñanza no-infalible, creo que no yerra al hablar de una proporcionalidad entre el "obsequio" dado a una enseñanza y la "forma" del acto magisterial por el cual es propuesta. No es lo mismo un simple discurso papal que una encíclica, no es lo mismo un acto magisterial que está dirigido a mi (una carta del Obispo a todos los fieles de Quilmes) que uno que no lo está (discurso del Papa a los fabricantes de zapatos), no es lo mismo que el Papa hable a católicos, que a no-católicos (a no ser que los esté evangelizando).

Conclusión


Teniendo todo esto en cuenta, me parece que la postura mas razonable es afirmar que: Ante una enseñanza magisterial no definitiva, el fiel debe disponer sus potencias (intelecto y voluntad) a aceptarla (desear no disentir, estudiar profundamente el asunto, etc.), en virtud de la autoridad que la propone (instituida por Cristo y asistida por el Espíritu Santo). La obligación de tener esta disposición (y el grado de la misma) es mas o menos grave, dependiendo de la "forma" del acto mediante el cual la enseñanza fue propuesta: quien la propone (el Papa, un dicasterio, un obispo, etc.), cómo la propone (encíclica, declaración, discurso, etc.), a quiénes la propone (enseñanza dirigida a toda la Iglesia o una parte, a la que uno puede pertenecer o no), etc. Si a pesar de cumplir con esta obligación, el fiel sigue sin poder aceptar en conciencia la enseñanza propuesta, este no se hace reo de pecado alguno, ni se ve disminuida su comunión con la Iglesia (al menos no de forma culpable).

En cuanto al proceder en estos casos de disenso, se debe ser súmamente prudente: comunicar esta situación al superior o director espiritual, tener cuidado de no "compartir" el disenso sino solo en pos de un bien mayor (por ejemplo, con un experto en la materia en disputa), procurar no generar escándalo (un sacerdote no debería manifestar su disenso en una homilía), no inducir a quienes no han tenido problemas en aceptar la doctrina a que la rechacen, etc. En el caso de los teólogos, la instrucción Donum Veritatis proporciona, mutatis mutandis, lineamientos parecidos.

UPDATE: Miles Dei hizo un nuevo aporte a la discusión, mencionando que en los textos originales no se usa la palabra sumisión sino simplemente "obsequium". Menciona un texto de Ratzinger en el que él usa como traducción el termino "religiosa reverencia". Puede verse la totalidad del texto aportado en este thread de comentarios

A priori, así concediésemos que el término sumisión es de por sí inapropiado, creo que podríamos seguir sosteniendo la interpretación del término "obsequium" dada en este artículo, a saber, formar la intención de comprender y dar asentimiento a la doctrina propuesta, sin que esta obligue en conciencia.

Pero bueno, tal vez deba pensarlo por unos días. Y de paso ver como sigue el debate.

 
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