miércoles, 30 de noviembre de 2011

El amor a Dios y el amor al prójimo - beato Columba Marmion

(Extracto del libro "De Vita Contemplativa", acerca de la doctrina ascética del beato Columba Marmion. Visto, tomado y traducido de rorate-caeli.)

El amor a Dios lleva dentro de sí el amor al prójimo. El primer mandamiento es amar a Dios con toda nuestra alma, con toda nuestra mente, con todo nuestro corazón y con todas nuestras fuerzas. El segundo es similar al primero: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Por ende, la vida de unión con Dios implica, como una consecuencia necesaria, el amor al prójimo.

En la correspondencia de don Marmion, hay pocas páginas relacionadas con la caridad fraternal, pero estas merecen ser tenidas en cuenta; mas de una de ellas caracterizada por esa fina psicología llena de verdad y de esa claridad luminosa que son parte de los encantos de su enseñanza:

"El Señor," le escribe a un alma bajo su dirección, "te está dando la gran gracia de un fuerte y sincero deseo de perfección. Con esta gracia debes ir lejos; lo que te retiene es que no te entregas suficientemente a Dios en sus miembros. Si fuese por ti, irías exclusivamente hacia Dios (al ocuparte solo de tu perfección individual), pero Él se presenta a si mismo unido a Su Hijo, y en Él, a toda su Iglesia. Si pudieses salir de este aislamiento, harías un gran progreso."

Vease como desarrolla de una forma hermosa estos majestuosos pensamientos:

"Mientras más se entrega uno a Jesucristo, mas se da Él mismo a nosotros, y cuando Él se da a nosotros de forma perfecta, ahí está la plenitud de Su vida en nosotros, la santidad y la perfecta unión con Él. Ahora, para entregarse uno a Jesucristo, es necesario, antes que nada, abandonarse a Él completamente, dejando a Su sabiduría y Su amor el cuidado de disponer de todas las cosas para Su gloria y nuestro bien. A medida que más perfecto y completo es este abandonarse, mas asume Jesucristo el gobierno de todos los detalles de nuestra vida. Mas aún, darse uno por completo a Jesucristo, es darse uno a Él, en la persona de nuestro prójimo. Él ha dicho: 'En verdad, en verdad os digo, que todo cuanto hayais hecho al mas pequeño de los que creen en mi, me lo habeis hecho a mi'."

"Hay muy poca gente que comprende esta verdad, que es por lo cual hay tan pocos santos. Nunca olvides esto, hija mía: Nuestro Señor nunca se da a si mismo excepto a aquellos que se dan a si mismos a Él en la persona de su prójimo. Como Dios encarnado en la Santa Humanidad de Jesucristo, Él está de alguna forma Encarnado en nuestro prójimo, y como solo podemos ir hacia Dios a través de su Sagrada Humanidad, entonces solo podemos estar unidos a Cristo aceptándole a Él unido a nuestro prójimo. Medita cuidadosamente sobre esta enseñanza, pues es muy fructífera."

Había un punto con respecto a la caridad fraterna sobre el cual don Marmion siempre insistía fuertemente, a saber, en lo concerniente a la forma en juzgar a otros. Encontramos ecos de esta firme y grave enseñanza en su correspondencia:

"Cuídate especialmente con respecto a la caridad, y estate convencido de que cada vez que eres duro con tu prójimo en pensamientos o palabras, tu corazón no está inspirado por el Sagrado Corazón de Jesús, Quien es un océano de compasión por nuestras miserias y ama particularmente a aquellos que nunca se permiten juzgar a su prójimo, incluso en lo concerniente a acciones que son abiertamente malignas. Se por mi propia experiencia cuan difícil es esta perfección, pero debemos siempre tratar de alcanzar aquello que es más perfecto para complacer a Jesucristo."

Encontramos esta misma doctrina treinta años después:

"Intenta, tanto como sea posible, el hacer caso omiso de las imperfecciones de los demás (en tanto y en cuanto no estén bajo tu responsabilidad). Lo contrario es una trampa del demonio que quiere hacer decrecer tu mérito y tu gracia. Cristo desea que no juzguemos a nuestro prójimo a menos que el deber nos obligue a hacerlo. 'Nolite iudicare' (No juzgueis). 'Sereis juzgados (nos dice Él) con el mismo rigor que hayais usado hacia otros'. Nada "desarma" mas la justicia de Dios para con nosotros que la misericordia que tenemos con los demás.

En estas ocasiones, don Marmion recomienda particularmente la oración, que frustra las tretas del demonio.

"A menudo lo que nos impide vivir en recogimiento es que nos "ocupamos" demasiado de los (defectos de los) demás. No juzgues a otros, y no pienses que debes decirle a los superiores lo que vez en tus hermanas que te parece mal, a menos que sea un deber con el que te hayan cargado. Es el demonio que esta buscando mediante esto, el prevenir que te unas a nuestro Señor. El buen Dios permite estas tentaciones porque proveen materia para una excelente purificación. Di una oración por la persona contra la que tienes un juicio, y si el demonio ve que cada pensamiento de este tipo que te presenta, es ocasión para una buena oración, se dará por vencido en estas tácticas."

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