jueves, 20 de octubre de 2011

Propiedad privada - La doctrina católica

Uno de mis blogs favoritos es The New Theological Movement donde el padre Ryan Erlenbush postea sus homilías y otras breves disertaciones teológicas. Revisando su archivo, descubrí sendos comentarios acerca de los Evangelios de los domingos 18 y 25 del tiempo ordinario en el ciclo C: La parábola del rico necio (Lc 12, 13-21) y La parábola del administrador sagaz (Lc 16, 1-13) respectivamente. De ambos comentarios he decidido extraer y traducir interesantísimas notas acerca de la doctrina católica acerca de la propiedad privada, el recto uso de las riquezas, etc.

Todo lo que sigue es una traducción (lo mejor que he podido hacerla) de algunas secciones de los antedichos posts, con algunos énfasis míos y breves comentarios:

La finalidad común de todos los bienes y el derecho a la propiedad privada


Debemos afirmar que el hombre tiene derecho a poseer propiedad privada. Todos los hombres tienen un derecho natural a hacer uso de bienes materiales. De acuerdo con el derecho positivo, los hombres también tienen derecho a la propiedad privada; esto es necesario para el correcto orden de la sociedad y el cuidado adecuado de los bienes en si mismos, también sirve como medio para refrenar la avaricia e incitar a la generosidad (un hombre solo puede dar limosna si tiene algo de propiedad [Ver mas abajo mi nota sobre la limosna]).

Sin embargo, es igualmente claro en la tradición de la Iglesia, como es expresado por los Padres de la Iglesia y las enseñanzas magisteriales, que el derecho a la propiedad privada está subordinado a la finalidad universal de todos los bienes; esto significa que el derecho a la propiedad privada no puede extenderse al punto de privar a otros de las necesidades materiales básicas de la vida. Todo hombre tiene derecho a las necesidades básicas de la vida; cuando se les priva de ellas, mientras otro tiene riquezas en exceso, una grave injusticia ha ocurrido.

Cuando un hombre posee riqueza en exceso (esto es, propiedad y riqueza que están mas allá de sus necesidades legítimas) mientras otro está en la pobreza (careciendo de sus necesidades materiales), el hombre rico es un ladrón. El exceso que posee le pertenece al hombre pobre, y si se rehúsa a distribuir su riqueza adecuadamente, cumple el rol del "rico necio" en la parábola del Evangelio.

La misma doctrina fundamental subyace tanto al derecho a la propiedad privada como a la enseñanza contra la posesión de exceso de riqueza mientras otros están pasando necesidades: Cada hombre posee un derecho natural dado por Dios, a hacer uso de la Tierra para satisfacer sus propias necesidades y las de su familia. Entonces, tenemos el derecho a la propiedad personal, por el cual nos aseguramos los medios para satisfacer nuestras necesidades básicas. A su vez, cuando alguien experimenta una carencia en esas mismas necesidades (comida, agua, alojamiento, cuidados médicos) este alguien tiene un derecho a cualquier exceso de riqueza existente en su comunidad [Este concepto de "comunidad" es de suma importancia, la vida en la ciudad lo ha desdibujado por completo]. Por ende, el exceso de comida en tu heladera y en la mía, pertenece a los pobres. El exceso de dinero en tu cuenta bancaria y en la mía, pertenece a los pobres. No es limosna dar a los pobres de lo que nos sobra: solo les restituimos lo que les pertenece por derecho divino.

[Hoy por hoy la palabra limosna tiene una cierta connotación negativa. Sin embargo, la doctrina católica enseña que hacer limosna no es dar de lo que sobra (como se dijo, eso es una obra exigida por la justicia, y no un acto de misericordia) sino de lo que uno necesita. Cuando uno hace limosna en cierta forma "intercambia" el pasar una necesidad con otra persona. Se elije asumir una carencia en lugar de otro. Muy fuerte.]

Todo hombre tiene un derecho a mantener las necesidades de su propia existencia; esto incluye ahorrar un poco para el futuro. Acumular cualquier riqueza mas allá de esto, es cometer el pecado del robo. Es siempre un pecado, y cuando la parte afectada es un hombre pobre, es siempre mortal.

[Esto tenía especial sentido en la época de Santo Tomás (el glorioso siglo XIII), un campesino podía verse arruinado por una mala cosecha, un granizo, una helada... tomar precauciones ante hechos semejantes no es "no confiar en la providencia", ya que es precisamente por las leyes naturales que estos hechos ocurrían normalmente. Lo mismo podría aplicarse a nosotros, mutatis mutandis, en momentos de incertidumbre económica.]

(Ver: Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae II-II, q.66; también el catecismo de la Iglesia Católica 2443-2449)

El destino común de los bienes creados


(...) Con respecto a su uso, las cosas creadas están sujetas al hombre en razón de su intelecto y su voluntad; el hombre es capaz de usar cosas materiales para su provecho y para satisfacer sus necesidades. Es en este sentido que el hombre posee un dominio natural sobre otras creaturas. (ST II-II, q.66, a.1)

Ahora bien, cuando consideramos el uso que el hombre debe hacer de los bienes creados, debemos afirmar que es legítimo que use bienes maneriales para su beneficio y el de su familia. Sin embargo, al mismo tiempo debe sostenerse que el mundo no fue dado a ningún hombre de manera individual, sino a todos. Entonces, cada hombre tiene un derecho a hacer uso del mundo material para su propio beneficio. Luego, nadie tiene derecho a poseer más de lo que necesita, si otros alrededor de él padecen carencias en sus necesidades básicas. Es en razón de esto que Santo Tomás nos dirá que un hombre hambriento que toma pan de un panadero adinerado no está robando: ¡el pobre tiene un derecho sobre los bienes del rico! El rico, que mantiene sus riquezas para su uso personal, está robandole al pobre. (ST II-II, q.66, a.7)

La propiedad privada no es natural


Santo Tomás nos dice que la propiedad privada no es natural, y esto puede ser demostrado por medio de un simple ejemplo: Si consideramos cualquier porción de tierra, no hay nada en ella que, de acuerdo a su naturaleza, la hiciese pertenecer a una persona y no a otra (Dios le dio el mundo a todos los hombres). Por ende, nadie puede reclamar ningún derecho exclusivo sobre ningún bien material (de acuerdo a la naturaleza de los mismos). No hay nada en la naturaleza de ningún billete particular que lo haga mío en lugar de tuyo. (ST II-II, q.57, a.3)

Esta es la razón por la cual, si la propiedad privada entra en conflicto con la destinación común de los bienes (por ejemplo, si la posesión de una hogaza de pan en la panadería de un panadero adinerado es "disputada" por un pobre) el principio de "comunalidad" siempre triunfa: la propiedad privada no es natural, no es parte de la ley natural.

La propiedad privada no es anti-natural, sino parte de la ley positiva


Si bien el derecho a la propiedad privada no es algo inherente a la naturaleza del hombre o a la creación material a su disposición, tampoco es anti-natural. No es contrario a la ley natural que uno pueda hacer uso de los bienes materiales para su propio beneficio. De hecho, Santo Tomás dice que la ley positiva debe incluir una "dispensación" para la propiedad privada. Si todas las cosas fuesen poseídas en común, entonces habría un gran desorden, dado que lo que es común a todos es a menudo cuidado por nadie. Mas aún, la propiedad privada también ayuda a frenar la avaricia, dado que a cada uno le es dado el incentivo de mantener lo que es propio y es disuadido de tomar lo que es de otro. (ST II-II, q.66, a.2)

Entonces, en la medida en que los bienes materiales son considerados en base a la forma en la que son obtenidos y administrados, el estado debe poseer leyes positivas que permitan poseer y proteger la propiedad privada. Por esta razón es claro que el comunismo es contrario a la doctrina social de la Iglesia.

Sin embrago, si consideramos a los bienes materiales especificamente en relación a su uso, "el hombre debe poseer cosas externas, no como propias sino como comunes, para que, a saber, esté preparado para compartirla a otros en necesidad". (ST II-II, q.66, a.2). Entonces, los ricos están obligados a usar su propiedad privada, no como si fuese simplemente suya, sino como si perteneciera a los pobres (puesto que el exceso de riqueza del rico auténticamente le pertenece a los pobres). Por esta razón, San Pablo dijo a Timoteo: "Ordena a los ricos de este mundo... que hagan el bien, que se hagan ricos en buenas obras y que estén dispuestos a dar y compartir lo que tienen" (1 Tim 6,17-18)

Algunas citas de la Tradición


San Ambrosio (De Nabuthe, c.12, n.53, citado en Populorum Progressio de Pablo VI): “No estás regalando tus posesiones a los pobres, les estás dando lo que les pertenece. Pues lo que ha sido dado en común para el uso de todos, te lo has apropiado para ti. El mundo ha sido dado a todos, no solo a los ricos.”

San Juan Crisóstomo (Hom. in Lazaro 2,5, citado en CIC 2446): “No participar a los pobres de tus bienes es robarles y privarlos de vida. Los bienes que poseemos son nuestros y no suyos.”

San Gregorio Magno (Regula Pastoralis 3,21, citado in CIC 2446): “Cuando atendemos las necesidades de los pobres, no les damos lo que es nuestro, sino lo que es suyo. Mas que realizar obras de misericordia, estamos saldando una deuda exigida por la justicia.”

Los decretales (Dist. XLVII, citado en ST II-II, q.66, a.2, obj 2): “No es menos crimen tomar de quien tiene, que rehusarse a soccorrer al necesitado cuando puedes.”

San Ambrosio (citado en ST II-II, q.66, a.2): “Es el pan del hambriento el que tu retienes, la capa del desnudo la que tu guardas. El dinero que escondes bajo la tierra es el precio del rescate y la libertad del pobre.”

De la Catena Aurea:

San Gregorio Magno: “Pues si todo aquel que recibe lo que es suficiente para cubrir sus necesidades diese lo que le sobra al necesitado, no habría rico ni pobre.”

San Basilio: “¿No eres tu entonces un ladrón, por tener por tuyo lo que has recibido para distribuir? Es el pan del hambriento lo que has recibido, el vestido del desnudo el que has guardado en tu cofre, el zapato del descalzo el que se pudre entre tus posesiones, el dinero del desahuciado el que has enterrado en la tierra. De esta forma hieres a aquellos de quien deberías ser benefactor.”

San Beda: “Quien desea ser rico frente a Dios, no acumulará tesoros para si, sino que distribuirá sus posesiones entre los pobres.”

Del Magisterio:

León XIII (encíclica Rerum Novarum, 1891): "Las posesiones privadas son conforme a la naturaleza. Pues la tierra produce con largueza las cosas que se precisan para la conservación de la vida y aun para su perfeccionamiento, pero no podría producirlas por sí sola sin el cultivo y el cuidado del hombre. Ahora bien: cuando el hombre aplica su habilidad intelectual y sus fuerzas corporales a procurarse los bienes de la naturaleza, por este mismo hecho se adjudica a sí aquella parte de la naturaleza corpórea que él mismo cultivó, en la que su persona dejó impresa una a modo de huella, de modo que sea absolutamente justo que use de esa parte como suya y que de ningún modo sea lícito que venga nadie a violar ese derecho de él mismo."
(...)
"Sobre el uso de las riquezas hay una doctrina excelente y de gran importancia (...). El fundamento de dicha doctrina consiste en distinguir entre la recta posesión del dinero y el recto uso del mismo. Poseer bienes en privado, según hemos dicho poco antes, es derecho natural del hombre, y usar de este derecho, sobre todo en la sociedad de la vida, no sólo es lícito, sino incluso necesario en absoluto. (...). Y si se pregunta cuál es necesario que sea el uso de los bienes, la Iglesia responderá sin vacilación alguna: «En cuanto a esto, el hombre no debe considerar las cosas externas como propias, sino como comunes; es decir, de modo que las comparta fácilmente con otros en sus necesidades"


Pío XI (encíclica Quadradesimo Anno, 1931): "Tampoco quedan en absoluto al arbitrio del hombre los réditos libres, es decir, aquellos que no le son necesarios para el sostenimiento decoroso y conveniente de su vida, sino que, por el contrario, tanto la Sagrada Escritura como los Santos Padres de la Iglesia evidencian con un lenguaje de toda claridad que los ricos están obligados por el precepto gravísimo de practicar la limosna, la beneficencia y la liberalidad. Ahora bien, partiendo de los principios del Doctor Angélico (cf. Sum. Theol. II-II q. 134), Nos colegimos que el empleo de grandes capitales para dar más amplias facilidades al trabajo asalariado, siempre que este trabajo se destine a la producción de bienes verdaderamente útiles, debe considerarse como la obra más digna de la virtud de la liberalidad y sumamente apropiada a las necesidades de los tiempos."

Gaudium et Spes (Concilio Vaticano II, 1965): “Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de los pueblos según las circunstancias diversas y variables, jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás. Por lo demás, el derecho a poseer una parte de bienes suficiente para sí mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde. Es éste el sentir de los Padres y de los doctores de la Iglesia, quienes enseñaron que los hombres están obligados a ayudar a los pobres, y por cierto no sólo con los bienes superfluos. Quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí. Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas, según las propias posibilidades, comuniquen y ofrezcan realmente sus bienes, ayudando en primer lugar a los pobres, tanto individuos como pueblos, a que puedan ayudarse y desarrollarse por sí mismos.”

Pablo VI (encíclica Populorum Progressio, 1967): "La propiedad privada no constituye para nadie un derecho absoluto e incondicional. Nadie esta justificado en mantener para su uso exclusivo aquello que no necesita, mientras otros pasan necesidades."

Juan Pablo II (encíclica Centesimus Annus, 1991): “Será necesario sobre todo, abandonar esa mentalidad en la que los pobres son considerados una carga, como molestos intrusos tratando de consumir lo que otros han producido".



Aquí nuevamente escribe su eremita favorito: Hago un brevísimo resumen (esta entrada presenta textos que tienen hasta 1600 años de diferencia entre si, así que no es raro que no se entienda del todo): Dios "entregó" el mundo a todos los hombres, es por eso que el fin primario de los bienes es comunitario y no individual. A su vez, cada persona tiene derecho (natural) a hacer uso de algunos bienes para satisfacer sus necesidades y las de su familia. Esto es particularmente apropiado para con aquellos bienes que son fruto del trabajo del individuo. Los estados deben proveer leyes (derecho positivo) que ordenen y tutelen la forma en la que se rige la adquisición e intercambio de bienes (propiedad privada). Mas aún, el estado debe organizarse económicamente de tal forma que la propiedad esté distribuida lo más amplia y equitativamente posible entre las personasDistributismo!). Sin embargo, si una persona carece de lo que necesita para satisfacer sus necesidades básicas, tiene un derecho (divino) sobre lo que a otros les sobra luego de haber satisfecho sus necesidades legítimas (pues como se dijo anteriormente, el fin primario de los bienes materiales es comunitario). Obviamente que esto aplica a quien realmente no tiene forma de procurarse el sustento y no al que no trabaja porque no quiere, pues dice la escritura "Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma" (2 Tes 3, 10).

Bien, creo que eso es un buen resumen. Por lo demás, geniales notas del padre Ryan.

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