sábado, 22 de octubre de 2011

Divague acerca de la hipocresía

Tomado y traducido del blog Just Thomism, con algunos brevísimos comentarios:

Las condenaciones de Cristo a la hipocresía son el "estribillo" constante de su enseñanza moral. La familiaridad con los Evangelios hace que esto parezca algo obvio o poco llamativo, a pesar de que no es esta la primera cosa que uno esperaría que fuese condenada. De hecho, si tuviésemos que adivinar cual sería la condena principal de un maestro religioso cualquiera, dudo que la hipocresía estuviese en la lista.

Se dice que hipócritas son aquellos que [dicen] una cosa y hacen otra. Digo "se dice" porque esta definición está "en el aire" y se repite cual leyenda urbana. Es falsa: un espía no es un hipócrita incluso si dice una cosa y hace otra, y por caso, romper una promesa o un contrato no es un tipo de hipocresía. Estas acciones son meros engaños o mentiras. Aún así, esta definición nos da alguna pista acerca de la verdad: tanto la hipocresía como la mentira implican un conflicto o disimilaridad entre lo que es visible y exterior, y lo que es interior y "de corazón". Cristo explícitamente condenó, por ejemplo, el alargar los flecos de las túnicas o realizar exhibiciones públicas de [falsa] humildad que no fuesen signo de la ley escrita en el corazón o de un verdadero reconocimiento de la propia miseria, pero quienes hacen estas cosas no están estrictamente mintiendo. ¿Por qué no?

Mentir "a secas" implica engañar a otro. El mentiroso sabe muy bien que lo que está diciendo es una mentira y no hay confusión acerca de este hecho. Podrá el mentiroso justificar su mentira, pero es consciente de que la está diciendo. En mi propia experiencia con la hipocresía, la mentira se ha desvanecido o perdido de vista; ha entrado en la personalidad de uno. Las acciones que uno hace y las opiniones que uno sostiene acerca de las cosas, están "hechas a medida" para establecer la propia posición en el mundo. El hipócrita ya no se pregunta "¿que debería hacer?" de acuerdo con su propio ser o a la luz de lo que le da a su vida un sentido o de lo que hay de verdadero en el mundo que lo rodea: todas estas cosas son reemplazadas por una postura o una necesidad práctica, y el hipócrita "realmente cree" que estas cosas son las mas importantes, aquellas que mas ameritan vivir por ellas... a pesar de que sería más adecuado decir que simplemente, el hipócrita ya no se hace este tipo de preguntas. La hipocresía es una mentira que ha hecho metástasis. El hipócrita ya no solo engaña a otros, sino que exitosamente se engaña a si mismo.

Esta "auto-mentira" hace que toda conversión sea imposible, dado que el hipócrita ya no puede ver la división entre lo que él es, lo que él podría ser, y lo que él debería ser. A pesar de que ser hipócrita es un vicio, su opuesto no es exactamente ser una persona virtuosa: la prostituta y el recaudador de impuestos que odian lo que son y desean poder ser otra cosa, ya tienen la "luz" que se opone a la hipocresía. En la doctrina de Cristo, esta luz ciertamente permanece en el virtuoso, dado que nadie podría ser virtuoso sin primero reconocer que carece de los medios de poder serlo por si mismo... tomado de esta forma, el opuesto de la hipocresía es la humildad.
Por sobre todas las cosas, no te mientas a ti mismo. El hombre que se miente a si mismo y escucha su propia mentira, llega a tal punto que no puede distinguir la verdad dentro de él, o alrededor de él, y así pierde todo respeto por si mismo y por los demás. Y al no tener respeto, deja de amar, y para distraerse y ocuparse en algo sin amor, da lugar a sus pasiones y placeres perversos, y se hunde en la bestialidad de sus vicios, todo por mentir continuamente a otros hombres y a si mismo.

Los hermanos Karamazov C VII

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