viernes, 28 de octubre de 2011

infoCaótica: Ratzinger le responde a Iraburu

Uno de los propósitos por los cuales había iniciado este blog era para reducir el tiempo que invierto comentando en otros blogs... sin embargo, en ese punto vengo fracasando miserablemente. Tal vez esto se deba a que aún no he escrito nada acerca de los temas "controversiales" que se tratan en dichos blogs... y con razón: refutar a los liberales protestólicos me parece una tarea mucho mas urgente.

Actualmente estoy participando en una intensa discusión en el blog infoCaótica, motivada por una refutación al padre Iraburu a partir de un texto de Ratzinger . La discusión versa en torno a la comparación entre la controversia arriana y la crisis actual, las condiciones bajo las cuales el Magisterio es infalible, la actitud que debe tener un fiel cuando no puede en conciencia aceptar un pronunciamiento magisterial no infalible, y, por supuesto, la fraternidad sacerdotal San Pío X.

Dejo el link para quien quiera leerla y tal vez participar:

http://info-caotica.blogspot.com/2011/10/ratzinger-le-responde-iraburu.html

La tentación del pan (por Joseph Ratzinger)

La prueba de la existencia de Dios que el tentador propone en la primera tentación consiste en convertir las piedras del desierto en pan. En principio se trata del hambre de Jesús mismo; así lo ve Lucas: «Dile a esta piedra que se convierta en pan» (Lc 4, 3). Pero Mateo interpreta la tentación de un modo más amplio, tal como se le presentó ya en la vida terrena de Jesús y, después, se le proponía y propone constantemente a lo largo de toda la historia. ¿Qué es más trágico, qué se opone más a la fe en un Dios bueno y a la fe en un redentor de los hombres que el hambre de la humanidad? El primer criterio para identificar al redentor ante el mundo y por el mundo, ¿no debe ser que le dé pan y acabe con el hambre de todos? Cuando el pueblo de Israel vagaba por el desierto, Dios lo alimentó con el pan del cielo, el maná.

Se creía poder reconocer en eso una imagen del tiempo mesiánico: ¿no debería y debe el salvador del mundo demostrar su identidad dando de comer a todos? ¿No es el problema de la alimentación del mundo y, más general, los problemas sociales, el primero y más auténtico criterio con el cual debe confrontarse la redención? ¿Puede llamarse redentor alguien que no responde a este criterio? El marxismo ha hecho precisamente de este ideal —muy comprensiblemente— el centro de su promesa de salvación: habría hecho que toda hambre fuera saciada y que «el desierto se convirtiera en pan».

«Si eres Hijo de Dios...»: ¡qué desafío! ¿No se deberá decir lo mismo a la Iglesia? Si quieres ser la Iglesia de Dios, preocúpate ante todo del pan para el mundo, lo demás viene después. Resulta difícil responder a este reto, precisamente porque el grito de los hambrientos nos interpela y nos debe calar muy hondo en los oídos y en el alma. La respuesta de Jesús no se puede entender sólo a la luz del relato de las tentaciones. El tema del pan aparece en todo el Evangelio y hay que verlo en toda su amplitud. Hay otros dos grandes relatos relacionados con el pan en la vida de Jesús. Uno es la multiplicación de los panes para los miles de personas que habían seguido al Señor en un lugar desértico. ¿Por qué se hace en ese momento lo que antes se había rechazado como tentación? La gente había llegado para escuchar la palabra de Dios y, para ello, habían dejado todo lo demás. Y así, como personas que han abierto su corazón a Dios y a los demás en reciprocidad, pueden recibir el pan del modo adecuado. Este milagro de los panes supone tres elementos: le precede la búsqueda de Dios, de su palabra, de una recta orientación de toda la vida. Además, el pan se pide a Dios. Y, por último, un elemento fundamental del milagro es la mutua disposición a compartir. Escuchar a Dios se convierte en vivir con Dios, y lleva de la fe al amor, al descubrimiento del otro. Jesús no es indiferente al hambre de los hombres, a sus necesidades materiales, pero las sitúa en el contexto adecuado y les concede la prioridad debida. Este segundo relato sobre el pan remite anticipadamente a un tercer relato y es su preparación: la Última Cena, que se convierte en la Eucaristía de la Iglesia y el milagro permanente de Jesús sobre el pan. Jesús mismo se ha convertido en grano de trigo que, muriendo, da mucho fruto (cf. Jn 12, 24). Él mismo se ha hecho pan para nosotros, y esta multiplicación del pan durará inagotablemente hasta el fin de los tiempos. De este modo entendemos ahora las palabras de Jesús, que toma del Antiguo Testamento (cf. Dt 8, 3), para rechazar al tentador: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4, 4). Hay una frase al respecto del jesuita alemán Alfred Delp, ejecutado por los nacionalsocialistas: «El pan es importante, la libertad es más importante, pero lo más importante de todo es la fidelidad constante y la adoración jamás traicionada». Cuando no se respeta esta jerarquía de los bienes, sino que se invierte, ya no hay justicia, ya no hay preocupación por el hombre que sufre, sino que se crea desajuste y destrucción también en el ámbito de los bienes materiales. Cuando a Dios se le da una importancia secundaria, que se puede dejar de lado temporal o permanentemente en nombre de asuntos más importantes, entonces fracasan precisamente estas cosas presuntamente más importantes. No sólo lo demuestra el fracaso de la experiencia marxista.

Las ayudas de Occidente a los países en vías de desarrollo, basadas en principios puramente técnico-materiales, que no sólo han dejado de lado a Dios, sino que, además, han apartado a los hombres de Él con su orgullo del sabelotodo, han hecho del Tercer Mundo el Tercer Mundo en sentido actual. Estas ayudas han dejado de lado las estructuras religiosas, morales y sociales existentes y han introducido su mentalidad tecnicista en el vacío. Creían poder transformar las piedras en pan, pero han dado piedras en vez de pan. Está en juego la primacía de Dios. Se trata de reconocerlo como realidad, una realidad sin la cual ninguna otra cosa puede ser buena. No se puede gobernar la historia con meras estructuras materiales, prescindiendo de Dios. Si el corazón del hombre no es bueno, ninguna otra cosa puede llegar a ser buena. Y la bondad de corazón sólo puede venir de Aquel que es la Bondad misma, el Bien.

Naturalmente, se puede preguntar por qué Dios no ha creado un mundo en el que su presencia fuera más evidente; por qué Cristo no ha dejado un rastro más brillante de su presencia, que impresionara a cualquiera de manera irresistible. Éste es el misterio de Dios y del hombre que no podemos penetrar. Vivimos en este mundo, en el que Dios no tiene la evidencia de lo palpable, y sólo se le puede buscar y encontrar con el impulso del corazón, a través del «éxodo» de «Egipto». En este mundo hemos de oponernos a las ilusiones de falsas filosofías y reconocer que no sólo vivimos de pan, sino ante todo de la obediencia a la palabra de Dios. Y sólo donde se vive esta obediencia nacen y crecen esos sentimientos que permiten proporcionar también pan para todos.

Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret vol. 1, pág. 55-59. [El énfasis en negrita es mío].

jueves, 27 de octubre de 2011

Sombra de un volcán proyectada en el cielo

Visto en el blog Bad Astronomy via RSS.



(Click para ver la imagen en tamaño completo)
Mt. Rainier es un volcán de alrededor de 4300 metros de altura. No hay en los alrededores otra montañas tan altas, así que es realmente prominente en el paisaje (...). El sol saliente "agarra" el pico, y la sombra se proyecta en la parte baja de la capa de nubes.

Un informe mas detallado se puede ver en la página Komo News. Tomo algunas fotos de ahí:









La naturaleza tiene esas cosas simples pero espectaculares que te dejan "culo p'arriba".

sábado, 22 de octubre de 2011

Divague acerca de la hipocresía

Tomado y traducido del blog Just Thomism, con algunos brevísimos comentarios:

Las condenaciones de Cristo a la hipocresía son el "estribillo" constante de su enseñanza moral. La familiaridad con los Evangelios hace que esto parezca algo obvio o poco llamativo, a pesar de que no es esta la primera cosa que uno esperaría que fuese condenada. De hecho, si tuviésemos que adivinar cual sería la condena principal de un maestro religioso cualquiera, dudo que la hipocresía estuviese en la lista.

Se dice que hipócritas son aquellos que [dicen] una cosa y hacen otra. Digo "se dice" porque esta definición está "en el aire" y se repite cual leyenda urbana. Es falsa: un espía no es un hipócrita incluso si dice una cosa y hace otra, y por caso, romper una promesa o un contrato no es un tipo de hipocresía. Estas acciones son meros engaños o mentiras. Aún así, esta definición nos da alguna pista acerca de la verdad: tanto la hipocresía como la mentira implican un conflicto o disimilaridad entre lo que es visible y exterior, y lo que es interior y "de corazón". Cristo explícitamente condenó, por ejemplo, el alargar los flecos de las túnicas o realizar exhibiciones públicas de [falsa] humildad que no fuesen signo de la ley escrita en el corazón o de un verdadero reconocimiento de la propia miseria, pero quienes hacen estas cosas no están estrictamente mintiendo. ¿Por qué no?

Mentir "a secas" implica engañar a otro. El mentiroso sabe muy bien que lo que está diciendo es una mentira y no hay confusión acerca de este hecho. Podrá el mentiroso justificar su mentira, pero es consciente de que la está diciendo. En mi propia experiencia con la hipocresía, la mentira se ha desvanecido o perdido de vista; ha entrado en la personalidad de uno. Las acciones que uno hace y las opiniones que uno sostiene acerca de las cosas, están "hechas a medida" para establecer la propia posición en el mundo. El hipócrita ya no se pregunta "¿que debería hacer?" de acuerdo con su propio ser o a la luz de lo que le da a su vida un sentido o de lo que hay de verdadero en el mundo que lo rodea: todas estas cosas son reemplazadas por una postura o una necesidad práctica, y el hipócrita "realmente cree" que estas cosas son las mas importantes, aquellas que mas ameritan vivir por ellas... a pesar de que sería más adecuado decir que simplemente, el hipócrita ya no se hace este tipo de preguntas. La hipocresía es una mentira que ha hecho metástasis. El hipócrita ya no solo engaña a otros, sino que exitosamente se engaña a si mismo.

Esta "auto-mentira" hace que toda conversión sea imposible, dado que el hipócrita ya no puede ver la división entre lo que él es, lo que él podría ser, y lo que él debería ser. A pesar de que ser hipócrita es un vicio, su opuesto no es exactamente ser una persona virtuosa: la prostituta y el recaudador de impuestos que odian lo que son y desean poder ser otra cosa, ya tienen la "luz" que se opone a la hipocresía. En la doctrina de Cristo, esta luz ciertamente permanece en el virtuoso, dado que nadie podría ser virtuoso sin primero reconocer que carece de los medios de poder serlo por si mismo... tomado de esta forma, el opuesto de la hipocresía es la humildad.
Por sobre todas las cosas, no te mientas a ti mismo. El hombre que se miente a si mismo y escucha su propia mentira, llega a tal punto que no puede distinguir la verdad dentro de él, o alrededor de él, y así pierde todo respeto por si mismo y por los demás. Y al no tener respeto, deja de amar, y para distraerse y ocuparse en algo sin amor, da lugar a sus pasiones y placeres perversos, y se hunde en la bestialidad de sus vicios, todo por mentir continuamente a otros hombres y a si mismo.

Los hermanos Karamazov C VII

jueves, 20 de octubre de 2011

Propiedad privada - La doctrina católica

Uno de mis blogs favoritos es The New Theological Movement donde el padre Ryan Erlenbush postea sus homilías y otras breves disertaciones teológicas. Revisando su archivo, descubrí sendos comentarios acerca de los Evangelios de los domingos 18 y 25 del tiempo ordinario en el ciclo C: La parábola del rico necio (Lc 12, 13-21) y La parábola del administrador sagaz (Lc 16, 1-13) respectivamente. De ambos comentarios he decidido extraer y traducir interesantísimas notas acerca de la doctrina católica acerca de la propiedad privada, el recto uso de las riquezas, etc.

Todo lo que sigue es una traducción (lo mejor que he podido hacerla) de algunas secciones de los antedichos posts, con algunos énfasis míos y breves comentarios:

La finalidad común de todos los bienes y el derecho a la propiedad privada


Debemos afirmar que el hombre tiene derecho a poseer propiedad privada. Todos los hombres tienen un derecho natural a hacer uso de bienes materiales. De acuerdo con el derecho positivo, los hombres también tienen derecho a la propiedad privada; esto es necesario para el correcto orden de la sociedad y el cuidado adecuado de los bienes en si mismos, también sirve como medio para refrenar la avaricia e incitar a la generosidad (un hombre solo puede dar limosna si tiene algo de propiedad [Ver mas abajo mi nota sobre la limosna]).

Sin embargo, es igualmente claro en la tradición de la Iglesia, como es expresado por los Padres de la Iglesia y las enseñanzas magisteriales, que el derecho a la propiedad privada está subordinado a la finalidad universal de todos los bienes; esto significa que el derecho a la propiedad privada no puede extenderse al punto de privar a otros de las necesidades materiales básicas de la vida. Todo hombre tiene derecho a las necesidades básicas de la vida; cuando se les priva de ellas, mientras otro tiene riquezas en exceso, una grave injusticia ha ocurrido.

viernes, 14 de octubre de 2011

Inapropiado

Uno de mis filósofos contemporáneos favoritos es William Vallicela. Soy habitual lector de su blog Maverick Philosopher. Hoy postea una frase excelente:
Calling something 'inappropriate' is the ne plus ultra of liberal disapprobation. They just can't bring themselves to use such words as 'wrong' or 'immoral' or evil.'

Traducido sería algo así como:

"Llamar a algo 'inapropiado' es el punto máximo de desaprobación para los liberales. Simplemente no son capaces de usar palabras tales como 'erróneo', 'inmoral', o 'maligno'"

Gran verdad.

jueves, 6 de octubre de 2011

Angelelli y Benedicto XVI - La falsa dicotomía

Leo en el sitio web Sin Tapujos un texto del sacerdote Nicolás Alessio, denominado "La misma otra Iglesia. La Iglesia de Angelelli no es la de Benedicto XVI.". Este cura se hizo conocido cuando fue suspendido en sus funciones ministeriales por oponerse a la doctrina de la Iglesia acerca del matrimonio, sin embargo, en este texto, el cura suspendido no habla del asunto que motivó su suspensión, sino que va mas allá: plantea una dicotomía entre "La Iglesia de Angelelli" y "la de Benedicto XVI". Copio algunos fragmentos del texto con mis comentarios para posterior discusión:

No siempre encontramos las palabras adecuadas para nuevas realidades que se configuran de manera compleja. Recuerdo aquella expresión “las dos Iglesias”, rechazada por los obsecuentes a Roma y también por algunos pensadores cristianos críticos que también entendían que “Iglesia hay una sola” y que, básicamente, si algo debe cambiar, deberá cambiar “desde adentro”, el adentro de la única Iglesia.

(...) En tiempos conflictivos, graves, era necesario hablar de “dos” porque de esa manera se marcaban las diferencias, que por otro lado eran y siguen siendo notables: ¿qué tiene que ver la Iglesia que amaba Angelelli con la Iglesia que defiende a Von Wernich? [Me gustaría saber a quién se refiere por "la Iglesia que defiende a Von Wernich", qué implica concretamente "defender" a Von Wernich, y por qué Alessio piensa que Benedicto XVI tiene algo que ver con Von Wernich ... a todas luces es un intento barato de sembrar división: "nosotros y ellos", los "buenos y los malos".] La diferencia es tanta que vale la pena hablar de “dos”, aunque mas no sea como un recurso literario.

lunes, 3 de octubre de 2011

En defensa del Magisterio de la Iglesia

En mi corto tiempo como bloguero, me he ocupado de refutar a distintos personajes del ambiente eclesiástico que de una u otra forma atacan al Magisterio de la Iglesia. Tal fue el caso de Ariel Álvarez Valdés atacando la doctrina de la indisolubilidad del Matrimonio, de Benjamín Forcano intentando justificar el aborto en las primeras ocho semanas de gestación, de José María Castillo intentando socavar el concepto de la Verdad... prontamente me encargaré de un texto de Nicolás Alessio, y seguramente en algún momento tendré que vérmelas con Eduardo De La Serna... en fin, siempre habrá disidentes en la Iglesia. Todos estos intentos de defender la ortodoxia, los tengo agrupados bajo la etiqueta "Adversus Haereses" (del latin "Contra herejes") que es el nombre de una obra de San Ireneo de Lyon (escrita hacia el año 180) contra los herejes gnósticos; pero me estoy yendo por las ramas...

En casi todos los casos en los que salta uno de estos disidentes, veo que hay un error común subyacente, que es el creer que se puede prescindir del Magisterio de la Iglesia para ser un verdadero cristiano. A fin de ahorrarme el repetir los mismos argumentos una y otra vez, y para darle a la refutación de este error el espacio, tiempo y dedicación que se merece, voy a hacer mi mejor esfuerzo para vertir en esta entrada todos los argumentos por los cuales ha de tenerse a dicha tesis como errónea y nociva para la Fe. Cuento con la intercesión de los Santos Patronos de este blog.

La impotencia de la razón humana ante Dios


Para el hombre es imposible conocer a Dios por sus propias capacidades. A lo sumo, dependiendo de la corriente filosófica a la que uno adhiera, se podrá conocer que existe un Dios, especular con ciertas características como la omnipotencia, la simplicidad, la inmaterialidad... pero no mucho más que eso. A pesar de los esfuerzos de mentes brillantes como Santo Tomás, San Anselmo, Pascal, Descartes, Gödel, Leibniz, etc., sigue habiendo gente que con honestidad intelectual profesa el agnosticismo e incluso lo que se denomina "ateísmo débil". En definitiva, el intelecto humano, frente al problema de la existencia y la esencia de Dios, está en un estado insuperable de limitación.

Sin embargo, un acontecimiento histórico cambió por completo esta situación: Jesús de Nazareth. Hace 2000 años, apareció un Rabbí en medio oriente, que llamaba a Dios "Padre" y que decía cosas tales como "el Padre está en mí, y yo en el Padre" (Jn 10, 38), "si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais" (Jn 8,19), "El Padre y Yo somos uno" (Jn 10, 30), "Nadie va al Padre sino por mí" (Jn 14,6). Quienes hemos creído en Él sabemos que ha venido para que los hombres "tengan vida y la tengan en abundancia" (Jn 10, 10), que Él es "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6), que es "Señor y Maestro" (Jn 13, 13).

La foto de la ermita

Como verán, el header de este blog es una foto de una pequeña Iglesia. Bueno, resulta ser que es la Capilla de la Ascención del Señor en Bulgaria:


La foto fue tomada por el genial fotógrafo búlgaro Artin Shahbazian, quien cedió muy amablemente expreso permiso para que yo usase su foto como header de este humilde blog, y que tiene otras fotos de la antedicha capilla, y otras geniales como estas:










Recomiendo vívamente que visiten el perfil de Panoramio del señor Shahbazian y se deleiten con sus excelentes fotos. Este humilde bloguero le estará por siempre agradecido por ceder su trabajo para estos fines con vuelo artístico infinitamente menor.

 
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