viernes, 23 de septiembre de 2011

La verdad y la búsqueda de la verdad, según (el gil de) Castillo.

Al teólogo Castillo se la tengo jurada y media, no porque su teología me parezca particularmente mala (puedo pensar en por lo menos cuatro o cinco teólogos tan malos como él) sino por la particular y negativa influencia de uno de sus libros (El Seguimiento de Jesús) en mi parroquia. Pero hoy no voy a ocuparme de dicho libro ni de ninguna de sus tesis, sino de un texto que el teólogo en cuestión colgó de su blog así sin mas. Este texto me parece bastante estúpido, y realmente hizo que perdiese cualquier tipo de respeto intelectual que pudiese tener por el susodicho. He aquí el texto en partes y con mis [comentarios]:

El pequeño debate de estos días en este blog, en torno al complicado tema de la verdad, nos puede llevar a una discusión interminable, que vendría a ser como "el cuento de nunca acabar". Por eso, me parece conveniente hacer algunas indicaciones que espero nos venga bien a todos tenerlas en cuenta.
Ante todo, para las personas a quienes les preocupa la ortodoxia doctrinal, por fidelidad al magisterio eclesiástico, supongo les podrá venir bien saber que la Jerarquía de la Iglesia nunca ha definido dogmáticamente en qué consiste la verdad, ni cómo los cristianos tenemos que entender la verdad. Y, menos aún, jamás se ha elaborado un concepto oficial de lo que es la verdad, es decir, una definición de la verdad a la que todos los católicos tengan que atenerse.


Es oficial: este tipo es un nabo. ¿Es acaso la esencia de la verdad (es decir, aquello que la verdad es) algo que deba enseñarnos la Fe? ¿Es el significado de la palabra verdad algo revelado por Dios? Cuando los señores de la Real Academia Española actualizan el diccionario ¿requieren de inspiración divina para definir la palabra verdad? Yo diría que no. Si vamos a ir un poco mas allá de lo semántico, lo que es la verdad es, en todo caso, una cuestión filosófica y no teológica. Y como bien debería saber el señor doctor don José María Castillo, la autoridad del magisterio "se extiende tanto cuanto abarca el depósito de la Revelación" (Lumen Gentium), el cual contiene verdades concernientes a la Fe y la Moral. Con lo cual, el Magisterio no tiene porque definir lo que es la verdad, de la misma forma que no tiene porque definir lo que es la alegría, una casa, el tiempo, etc. ¡Que digo! El Magisterio ni siquiera definió lo que se debe entender por "substancia" y eso que usa este concepto filosófico en varias definiciones dogmáticas: La Trinidad, la Presencia Real en la Eucaristía... ¡poca cosa!

Dijo Juan Pablo II en su encíclica "Fides et Ratio": La Iglesia no propone una filosofía propia ni canoniza una filosofía en particular con menoscabo de otras. El motivo profundo de esta cautela está en el hecho de que la filosofía, incluso cuando se relaciona con la teología, debe proceder según sus métodos y sus reglas.

Entonces, ¿cómo tienen que entender los cristianos la verdad? En principio, como cualquier hijo de vecino (Fuente RAE):
verdad.

(Del lat. verĭtas, -ātis).

1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.

Bien, eso debería bastar, pero profudicemos un poco mas. A pesar de que como expresó Juan Pablo II, la Iglesia no "canoniza" una filosofía particular, es innegable el lugar de privilegio que posee en la teología católica la filosofía de Santo Tomás. Cito algunos hechos que ponen de manifiesto esta realidad: Su nombramiento como "Doctor Universal" o "Doctor Común"; la encíclica Aeterni Patris de León XIII, en donde llama a una "restauración de la filosofía cristiana conforme a la doctrina de Santo Tomás de Aquino"; el artículo del código de derecho canónico pío-benedictino, donde se pedía explícitamente que los sacerdotes sean formados en sus estudios filosóficos "de acuerdo a la conceptualización, doctrina y principios del Doctor Angélico" (Canon 1366); etc.

¿Que nos dice Santo Tomás acerca de la verdad? Veritas est adæquatio intellectus et rei" ("Verdad es la adecuación entre objeto y entendimiento", fuente: ST I c16 a1, Respuesta), que viene a ser... la misma definición que da la Real Academia Española. Entonces ya sea para la convención lingüística castellana, el sentido común, la filosofía aristotélico-tomista (o cualquier filosofía realista), Verdad son los conceptos/ideas/pensamientos/formulaciones/etc., que se corresponden con la realidad.

Sigamos con Castillo entonces:

Llevo más de medio siglo dedicado al estudio y enseñanza de la teología; y jamás he oído hablar de esa presunta "definición oficial" de lo que es la verdad [Blah blah blah. Gil.]

Si, del ámbito de lo dogmático, pasamos al terreno del análisis histórico, lingüístico, bíblico, religioso, filosófico, científico, etc. de lo que se puede, se suele o se debe entender como "verdad", entonces, nos encontramos con tal diversidad y hasta multitud de conceptos, que resulta casi imposible enumerarlos y, mucho más, analizarlos.

[Que exagerado... ciertamente que la cuestión de la verdad es un tema predilecto de los filósofos, acerca del cual se ha escrito muchísimo, pero tampoco es un asunto totalmente incomprensible... si uno va a la Wikipedia o a la enciclopedia filosófica de Standford, puede encontrar interesantes resúmenes acerca de las principales corrientes filosóficas acerca de la verdad, enumerados y analizados, para sorpresa de Castillo.].

Y no digamos, si lo que se intenta es llegar a un consenso o enunciado comúnmente aceptado. Nunca ha existido eso. Y creo que nunca existirá [¿Es que acaso la filosofía se trata de buscar consensos? ¿Acaso puede verificarse mediante algún experimento tal o cual sistema filosófico? Daría la impresión de que el doctor Castillo no entiende ni qué es la filosofía ni para que sirve].

Estando así las cosas [¿Así cómo? No, las cosas no están como él plantea... esa supuesta perplejidad del ser humano ante el concepto de la verdad no es mas que una mentira de Castillo para tirar la pelota afuera de la cancha. Si a cualquier persona sobre la faz de este planeta se le dice "Decime la verdad", entiende perfectamente qué es lo que se le está pidiendo, y ante una eventual respuesta del tipo "Perooo... ¡Oh! ¿Que es? ¿Que es la verdad?" cualquiera reconocería a un boludo, a un loco, o a un garca. Casualmente, en el Evangelio esta pregunta está en la boca de Poncio Pilato, a la cual Jesús no contestó (Jn 18, 38)], me parece acertada la propuesta que, ya en 1778, hizo G. Lessing [Acá viene el derrape, que ni siquiera es de su autoría]:

"El verdadero valor de un ser humano no viene determinado por su grado de posesión, supuesto o real, de la verdad, sino más bien por la honestidad de su esfuerzo en pos de alcanzarla. No es la posesión de la verdad, sino más bien la búsqueda de la misma, lo que ensancha su capacidad y donde puede hallarse su siempre creciente perfectibilidad. La posesión nos convierte en sujetos pasivos, indolentes y orgullosos. Si Dios ocultara toda la verdad en su mano derecha y en su izquierda no escondiera más que el firme y diligente impulso para perseguirla, y se me brindara la oportunidad de escoger únicamente entre una de las dos, tomaría con toda humildad su mano izquierda, aun con la condición de errar siempre y eternamente en el proceso".

Acá es donde el tipo este muestra la hilacha: Castillo nos quiere decir que no importa estar o no en la verdad, sino estar "en búsqueda". Toda la cháchara previa acerca de la supuesta perplejidad humana frente al concepto de la verdad era una mera excusa para introducir este veneno: Importa mas la búsqueda de la verdad que la verdad buscada.

En boca de alguien que se dice cristiano, esto es particularmente grave, porque aquel que aspire a ser discípulo del Maestro, debería recordar Sus palabras en el Evangelio según San Juan: "Yo soy el camino, la verdad, y la vida" (Jn 14, 6). Esto transforma en secundaria la discusión previa: independientemente de lo que la filosofía diga o haya dicho acerca de la verdad, el cristiano debe necesariamente identificarla con Jesucristo.

¿Vamos a decir acaso que vale mas buscar a Jesús que Jesús mismo? Tal postura sería, lisa y llanamente, una imbecilidad. Seguramente Castillo podría decir: "Pero la institución eclesiástica propone dogmas que no se pueden identificar con Jesús". Y esto no sería mas que otro vil intento de suplantar al Magisterio de la Iglesia (instituído por Jesus mismo), por la dictadura de los teólogos (fomentada por Lutero). Pero claro, hoy por hoy, las palabras "autoridad", "dogma", etc., son "políticamente incorrectas", mientras que el agnosticismo, no como postura teológica sino como actitud filosófica, presentarse como aquel que "se cuestiona todo", el "hombre en constante búsqueda (de algo que ni sabe que es)", es "re cool".

Pero a un Cristiano todo esto tiene que importarle tres carajos: si confesamos que Jesucristo es el Señor, necesariamente tenemos que decir que sus enseñanzas son la Verdad. Y si tales enseñanzas han de poder ser aprendidas por cualquier persona, no puede enseñarlas otro maestro mas que aquellos a quienes Jesús mismo instituyó como tales: Los Apóstoles y sus sucesores. ¿Todo lo que enseña el Papa o los Obispos tiene esa autoridad? No, por eso la Iglesia distingue entre los distintos niveles de autoridad de cada doctrina, los niveles de certeza teológica, etc., pero al final del día, si no hay sobre la tierra personas con autoridad para transmitir las verdades de la Fe, entonces dichas verdades se perdieron para siempre al ascender Jesucristo a los cielos (o morir los apóstoles), y solo nos queda interpretar los textos evangélicos (Es mas, sin una autoridad humana no podríamos determinar siquiera cuales son auténticos o cuales no, ni que decir de cuales fueron divinamente inspirados).

Finalmente, Castillo ignora (u omite) algo fundamental para la Fe cristiana: Es Dios quien quiso darse a conocer al ser Humano, y es por ello (no por el mérito de nuestra búsqueda) que podemos conocerle, dentro de las limitaciones de nuestra naturaleza. En todo caso, la "búsqueda" es solo la debida respuesta al llamado, que en Jesucristo, Dios le ha hecho a toda la humanidad.

1 comentario:

  1. Gracias, muy buena tu crítica y enseñanza a la vez, para aplaudir y para denunciar el hereje que se dice teólogo! Abrazo en Cristo

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