martes, 6 de septiembre de 2011

Distributismo

De la mano de la entrada acerca de la distribución de la riqueza y el modelo kirchnerista, escribo esta primer entrega acerca del distributismo propiamente dicho. No pretendo hacer una descripción exhaustiva de esta filosofía económica, sino compartir simplemente algunos pensamientos que pienso servirán de introducción a la misma. Voy a tratar de poner una buena cantidad de referencias como para que algún lector interesado pueda profundizar en el asunto.

Algunas pinceladas teóricas

Como dice la entrada de la wiki, el distributismo es una filosofía económica cuya principal propuesta es que los medios de producción estén distribuidos entre la mayor cantidad de personas posibles. En principio, plantea una oposición radical al socialismo, que propone que los medios de producción estén en posesión del Estado; pero también supone una oposición radical (aunque menos explícita) al capitalismo. ¿Porque es menos explícita? Porque ningún teórico del capitalismo en ninguna de sus formas dirá explícitamente que los medios de producción deben estar concentrados en pocas personas, sin embargo, lo que sucede en la práctica es precisamente eso: el capital tiende a concentrase, ya que es una forma típica de maximizar la utilidad que de él se obtiene.

¿De que forma se propone contrarestar la tendencia a la concentración de capital? Principalmente, gravándola. La única forma de evitar que el capital se concentre es establecer gravámenes que penalicen las grandes acumulaciones del mismo. No se aplica una tasa de impuesto fija, sino que la cantidad a tributar aumenta geométricamente mientras mas capital se posee. A esto se lo concoce como Principio de Progresividad o simplemente como "impuestos progresivos". Este postulado tiene muchos detractores, especialmente entre los economistas mas liberales. Eventualmente trataré de refutar estas críticas, pero por el momento basta con esto.

El principio filosófico mas elemental detrás del distributismo, es la libertad económica. Por libertad económica se entiende una condición en la que un hombre, una familia, tiene bajo su control la totalidad (o la mayor cantidad posible) de las cosas que necesita para subsistir, no debiendo recibirlas del Estado ni de terceros. Para la filosofía distributista, lo que se conoce en Argentina como "relación de dependencia" también se opone al estado deseado de libertad económica, y en medida cada vez mayor mientras mayor sea el capital del cual se depende: No es lo mismo ser el único empleado de un negocio pequeño, que ser empleado de una corporación multinacional. Este último podrá tener más beneficios, pero inicialmente está a merced de la corporación, para la cual no es mas que un número. A raíz del desmesurado poder de negociación del capital frente al empleado individual, es que surgen los gremios y sindicatos. Sin embargo, aquí radica uno de los problemas del capitalismo: la oposición entre el capital y el trabajo. El capital procura maximizar su utilidad, los trabajadores procurarán obtener la tajada mas grande posible de dicha utilidad. Se plantea una pugna entre el capitalista y el trabajador, en la cual entran en juego los sindicatos, los gobiernos, la justicia, etc. Pero lo que propone el distributismo es que no exista oposición entre trabajo y capital o minimizarla: el capitalista debería ser también trabajador, y el trabajador, capitalista. Debe haber un amplio predominio de empresas pequeñas o medianas, y los trabajadores deberían percibir una parte de sus ingresos en concepto de utilidad del capital que poseen. El ejemplo mas egregio de esta forma de no-oposición es la Corporación Mondragón, la cooperativa mas grande del mundo.

Siguiendo con el tema de la libertad económica, el distributismo también que los individuos dependan del estado (ni de nadie) para satisfacer sus necesidades básicas, por lo que se apunta a la minimización de los subsidios. Esto no se opone a las medidas de asistencia a los mas desfavorecidos (al contrario), sino mas bien a las formas de estado paternalista (como el sueco, por ejemplo). En sintonía con esto, se propugna el principio de subsidiariedad, es decir, asegurarse de que aquellas cosas que deban ser administradas por el estado, lo sean en el nivel del mismo mas cercano a la cosa que se administra. Por ejemplo, un hospital de una localidad, debería ser administrado (en la medida de lo posible) por el "gobierno" de dicha localidad (el municipio), y no por niveles mas elevados como el provincial o el nacional. Para poder lograr esto, la recaudación impositiva debería ser tender a destinarse mayormente al nivel local, en lugar de estamentos estatales centralizados como el provincial o el nacional como sucede en nuestro país, y que da lugar a las eternas disputas por la coparticipación, y otras yerbas. Está claro que microeconómicamente, se orienta a fomentar las economías locales y regionales, tratando de que las mismas sean mas bien autónomas.

Orígenes, textos y autores fundamentales

Habiendo esbozado algunas lineas teóricas (de forma muy desordenada, pero bueno... es lo que hay), paso a describir un poco la historia de esta filosofía económica. Espero eventualmente poder copiar algunos textos originales, que seguramente darán una descripción ella mucho mejor de la que di yo.

El distributismo comienza a ser planteado como sistema económico por dos escritores católicos ingleses: Gilbert Keith Chesterton e Hilaire Belloc. Estos produjeron diversos ensayos y algunos libros, entre los que se destaca "La Restauración de la Propiedad", de Hilaire Belloc, que es considerado por muchos como el manifesto distributista. En este libro, Belloc describe cómo podría implementarse el distributismo en Inglaterra. A este libro se suman otros como: "El Perfil de la Cordura" de Chesterton, "El Estado Servil" de Belloc y algunos otros. Otros autores y partidarios de este "distributismo clásico" son el sacerdote dominico Vincent McNabb, la periodista y activista Dorothy Day, y algunos otros.

Otro autor muy importante para el distributismo fue el alemán Ernst Friedrich Schumacher, que aún siendo un reconocido economista académico, sostuvo muchas de las posturas del distributismo "primitivo", que no había sido concebido por economistas. Su libro "Lo pequeño es hermoso" es considerado uno de los libros de economía mas influyentes de la última mitad del siglo XX (influyente al menos de forma intelectual, no parece que los estados hayan querido implementar la totalidad de sus ideas). En este libro, Schumacher predice con certeza muchos de los males que nos aquejan hoy: dependencia del petróleo, superpoblación en las ciudades con grandes cinturones de pobreza, deshumanización del trabajo, concentración excesiva de capitales, etc. Una de las propuestas mas interesantes del autor, es el llamamiento al desarrollo de lo que el llama Tecnología Intermedia, la cual tiene por principal objetivo, no la maximización de la ganancia sino la "atención a los aspectos medioambientales, éticos, culturales, sociales y económicos de la comunidad a la que se dirigen". Uno de estos aspectos, es la capacidad de implementar este tipo de tecnología con un capital reducido, permitiendo que accedan a ella emprendimientos con capitales reducidos (microemprendimientos), fomentando de esta forma una distribución mas equitativa de la propiedad productiva.

Finalmente, una de las principales fuerzas detrás del distributismo son las encíclicas papales que conforman la "Doctrina Social de la Iglesia". La principal inspiración de la mayoría de los autores hasta aquí mencionados, no es otra que documentos como Rerum Novarum de León XIII, Quadragesimo Anno de Pío XI, y similares. Copio algunos fragmentos de esta última encíclcia, aquellos que me parece fueron mas influyentes para el desarrollo del distributismo:

Ahora bien, no toda distribución de bienes y riquezas entre los hombres es idónea para conseguir, o en absoluto o con la perfección requerida, el fin establecido por Dios. Es necesario, por ello, que las riquezas, que se van aumentando constantemente merced al desarrollo económico-social, se distribuyan entre cada una de las personas y clases de hombres, de modo que quede a salvo esa común utilidad de todos, tan alabada por León XIII, o, con otras palabras, que se conserve inmune el bien común de toda la sociedad.

Por consiguiente, no viola menos está ley la clase rica cuando, libre de preocupación por la abundancia de sus bienes, considera como justo orden de cosas aquel en que todo va a parar a ella y nada al trabajador; que la viola la clase proletaria cuando, enardecida por la conculcación de la justicia y dada en exceso a reivindicar inadecuadamente el único derecho que a ella le parece defendible, el suyo, lo reclama todo para sí en cuanto fruto de sus manos e impugna y trata de abolir, por ello, sin más razón que por se tales, el dominio y réditos o beneficios que no se deben al trabajo, cualquiera que sea el género de éstos y la función que desempeñen en la convivencia humana.

A cada cual, por consiguiente, debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social, pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta enorme diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados.

Hay que luchar, por consiguiente, con todo vigor y empeño para que, al menos en el futuro, se modere equitativamente la acumulación de riquezas en manos de los ricos, a fin de que se repartan también con la suficiente profusión entre los trabajadores

Quienes sostienen que el contrato de arriendo y alquiler de trabajo es de por sí injusto y que, por tanto, debe ser sustituido por el contrato de sociedad, afirman indudablemente una inexactitud (...) De todos modos, estimamos que estaría más conforme con las actuales condiciones de la convivencia humana que, en la medida de lo posible, el contrato de trabajo se suavizara algo mediante el contrato de sociedad, como ha comenzado a efectuarse ya de diferentes manera, con no poco provecho de patronos y obreros. De este modo, los obreros y empleados se hacen socios en el dominio o en la administración o participan, en cierta medida, de los beneficios percibidos.

Pues aun siendo verdad, y la historia lo demuestra claramente, que, por el cambio operado en las condiciones sociales, muchas cosas que en otros tiempos podían realizar incluso las asociaciones pequeñas, hoy son posibles sólo a las grandes corporaciones, sigue, no obstante, en pie y firme en la filosofía social aquel gravísimo principio inamovible e inmutable: como no se puede quitar a los individuos y dar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria, así tampoco es justo, constituyendo un grave perjuicio y perturbación del recto orden, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden hacer y proporcionar y dárselo a una sociedad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad, por su propia fuerza y naturaleza, debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero no destruirlos y absorberlos.

Igual que la unidad del cuerpo social no puede basarse en la lucha de "clases", tampoco el recto orden económico puede dejarse a la libre concurrencia de las fuerzas. Pues de este principio, como de una fuente envenenada, han manado todos los errores de la economía "individualista", que, suprimiendo, por olvido o por ignorancia, el carácter social y moral de la economía, estimó que ésta debía ser considerada y tratada como totalmente independiente de la autoridad del Estado, ya que tenía su principio regulador en el mercado o libre concurrencia de los competidores, y por el cual podría regirse mucho mejor que por la intervención de cualquier entendimiento creado. Mas la libre concurrencia, aun cuando dentro de ciertos límites es justa e indudablemente beneficiosa, no puede en modo alguno regir la economía, como quedó demostrado hasta la saciedad por la experiencia, una vez que entraron en juego los principios del funesto individualismo. Es de todo punto necesario, por consiguiente, que la economía se atenga y someta de nuevo a un verdadero y eficaz principio rector. Y mucho menos aún pueda desempeñar esta función la dictadura económica, que hace poco ha sustituido a la libre concurrencia, pues tratándose de una fuerza impetuosa y de una enorme potencia, para ser provechosa a los hombres tiene que ser frenada poderosamente y regirse con gran sabiduría, y no puede ni frenarse ni regirse por sí misma. Por tanto, han de buscarse principios más elevados y más nobles, que regulen severa e íntegramente a dicha dictadura, es decir, la justicia social y la caridad social. Por ello conviene que las instituciones públicas y toda la vida social estén imbuidas de esa justicia, y sobre todo es necesario que sea suficiente, esto es, que constituya un orden social y jurídico, con que quede como informada toda la economía. Y la caridad social debe ser como el alma de dicho orden, a cuya eficaz tutela y defensa deberá atender solícitamente la autoridad pública, a lo que podrá dedicarse con mucha mayor facilidad si se descarga de esos cometidos que, como antes dijimos, no son de su incumbencia.

Salta a los ojos de todos, en primer lugar, que en nuestros tiempos no sólo se acumulan riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica potencia económica en manos de unos pocos, que la mayor parte de las veces no son dueños, sino sólo custodios y administradores de una riqueza en depósito, que ellos manejan a su voluntad y arbitrio. Dominio ejercido de la manera más tiránica por aquellos que, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan también de las finanzas y señorean sobre el crédito, y por esta razón administran, diríase, la sangre de que vive toda la economía y tienen en sus manos así como el alma de la misma, de tal modo que nadie puede ni aun respirar contra su voluntad.

Esta acumulación de poder y de recursos, nota casi característica de la economía contemporánea, es el fruto natural de la limitada libertad de los competidores, de la que han sobrevivido sólo los más poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y los más desprovistos de conciencia. Tal acumulación de riquezas y de poder origina, a su vez, tres tipos de lucha: se lucha en primer lugar por la hegemonía económica; es entable luego el rudo combate para adueñarse del poder público, para poder abusar de su influencia y autoridad en los conflictos económicos; finalmente, pugnan entre sí los diferentes Estados, ya porque las naciones emplean su fuerza y su política para promover cada cual los intereses económicos de sus súbditos, ya porque tratan de dirimir las controversias políticas surgidas entre las naciones, recurriendo a su poderío y recursos económicos.

Ultimas consecuencias del espíritu individualista en economía, venerables hermanos y amados hijos, son esas que vosotros mismos no sólo estáis viendo, sino también padeciendo: la libre competencia se ha destruido a sí misma; la dictadura económica se ha adueñado del mercado libre; por consiguiente, al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición de poderío; la economía toda se ha hecho horrendamente dura, cruel, atroz. A esto se añaden los daños gravísimos que han surgido de la deplorable mezcla y confusión entre las atribuciones y cargas del Estado y las de la economía, entre los cuales daños, uno de los más graves, se halla una cierta caída del prestigio del Estado, que, libre de todo interés de partes y atento exclusivamente al bien común a la justicia debería ocupar el elevado puesto de rector y supremo árbitro de las cosas; se hace, por el contrario, esclavo, entregado y vendido a la pasión y a las ambiciones humanas.

Quisiera aclarar que todo esto fue escrito, no ayer, sino en... 1931. Impresionante, especialmente por el último párrafo citado.

Bueno, creo que esto bastará como introducción. Como dije antes, espero poder copiar algunos fragmentos de algunas de las obras citadas que tengo en mi poder. Tomará un tiempo pero valdrá la pena. Mientras tanto, el lector interesado puede tomar las pinceladas aquí esbozadas como punto de partida para profundizar en esta maravillosa filosofía. No puedo dejar de recomendar un sitio imprescindible para todo aquel que desee conocer mas acerca del distributismo y conozca la lengua de Shakespeare: The Distributist Review. Aquí se congregan los principales distributistas contemporaneos para revisar y ampliar las teorías del distributismo, así como también aplicarlas a las problemáticas actuales. Es mas, algún que otro artículo en español tienen.

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